miércoles, 13 de abril de 2016

Viento maldito


Avinagradamente turbia,
rosa incandescente en círculo de estrellas,
los blancos dientes completan
una sutil acuarela
de rayos como trazos de estilete,
punzantes en la piel de rosa magenta,
angosta,
despiadadamente triste,
anegada
en el vacío absoluto de tu nombre.


Celestes de canela, 
tus besos se perdían en susurros
oceánicos y azules.

Los pétalos mordientes de tus labios
-de rebosante jugo-
aún subsisten en mi memoria
como el sabor extravagante
de las delicias turcas.


Masticaba ensueños,
ardides secretos
como tu nombre,
cenizas vírgenes 
e inexploradas
de lirios ausentes.

*  *  *

Leve
llaga en tu lóbulo,
acuoso,
herido por mi labio
como el éter...

Textos: Carmen Cabeza
Imágenes: Catrin Welz Stein

martes, 22 de marzo de 2016

¿Por qué escribimos?




La necesidad o el vicio de escribir, esa suerte de pasión inasequible al desaliento que a algunos nos impulsa a coger el lápiz o el bolígrafo una y otra vez, ¿para qué sirve, si es que sirve para algo?
¿Lo hacemos para liberar nuestras filias y nuestras fobias? ¿Para cauterizar heridas? ¿Para vengarnos de nuestros enemigos de una manera limpia y cruenta, sin derramamiento de sangre…?   
Quizá escribir no sea más que una enajenación transitoria. Como decía Greene: “Las personas reales estamos repletas de seres imaginarios”, y quizá escribimos porque necesitamos materializarlos, escapar así de una realidad que nos encierra en límites demasiado estrechos.  O, simplemente,  porque la literatura hace que todo lo que nos rodea se vuelva soportable y resulte más llevadero vivir en el sueño, al amparo de ficciones que consuelan y anestesian.

Escribir y leer son hábitos que se parecen mucho al gesto de abrir puertas y ventanas. Una frase de Rosa Montero explica a la perfección esa insobornable necesidad de literatura: “Dejar de leer representaría para mí la muerte instantánea, sería como vivir en un mundo sin oxígeno.”



Y es que el lenguaje tiene un enorme poder. La palabra libera, exalta, apasiona...  Es  capaz de generar emociones, ese idioma  universal que mueve todo tipo de resortes en lectores y escritores. No se trata de un sentimentalismo fácil, sino de emoción lisa, llana,  visceral.
Cuando leemos, podemos meternos en la piel del otro. Nos sentimos como Iván Denisovich, por ejemplo. Somos Gregorio Samsa, Ana Ozores o Aureliano Buendía en sus cien años de soledad. Nos sentimos extraños como Meursault, el extranjero, o confiamos en la bondad de los desconocidos, como Blanche du Bois. Somos ellos y sentimos como ellos, porque gracias a la ficción podemos asomarnos a las vidas de esos héroes y antihéroes que han habitado durante siglos la historia de la literatura.

 En palabras de Luis García Montero: “La capacidad de fabular sirve para legitimar la disidencia, para comprender por dentro la vida de los otros, para sentir amor e imaginar alternativas contra la injusticia”.

En definitiva, la ficción nos hace entender mejor, mirar más lejos y más profundo. 
Creo que por esa razón continuamos leyendo y escribiendo…
 


viernes, 18 de diciembre de 2015

Poema de Borges

 Remordimiento

He cometido el peor de los pecados
que un hombre, una mujer, pueden cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.

Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.


Poema:Jorge Luis Borges
Fotografías: Emma Powell

viernes, 4 de diciembre de 2015

Vuelve a intentarlo


Esas mañanas de domingo
en invierno,
a primera hora:
las calles recién regadas,
el aire fresco,
limpio,
el olor a cruasán de las cafeterías,
la locura
de los pájaros...
Como si la vida te dijese:
mira, aquí me tienes,
vuelve a intentarlo.


Poema de  KARMELO C. IRIBARREN
Ilustración: Francine Van Hove

jueves, 29 de octubre de 2015

EL AMANTE de M. Duras


"La casa entera huele, despide el olor delicioso de la tierra mojada después de la tormenta, es un olor que enloquece de alegría, sobre todo cuando va unido a otro olor, al del jabón de Marsella, el de la pureza, el de la honestidad, el de la ropa blanca, el de la blancura, el de nuestra madre, de la inmensidad del candor de nuestra madre. El agua desciende hasta la avenidas."

"...durante la travesía de ese mismo océano, también ya estrenada la noche, en el gran salón del puente principal se produjo el estallido de un vals de Chopin... (...) ... y lloró porque pensó en el hombre de Cholen y no estaba segura, de repente, de no haberle amado con un amor que le hubiera pasado inadvertido por haberse perdido en la historia como el agua en la arena y que lo reconocía solo ahora, en este instante de la música lanzada a través del mar."

 
"Eso sucede en el barrio de mala fama de Cholen, cada tarde. Cada tarde esa pequeña viciosa va a hacerse acariciar el cuerpo por su sucio chino millonario. Va también al instituto donde van las niñas blancas, las pequeñas deportistas blancas que aprenden crowl en la piscina del Club Deportivo. Un día les ordenarán que no dirijan la palabra a la hija de la directora de Sadec."

"Años después de la guerra, después de las bodas, de los hijos, de los divorcios, de los libros, llegó a París con su mujer. El la telefoneó. Soy yo. Ella le reconoció por la voz. El dijo: solo quería oír tu voz. Estaba intimidado, tenía miedo, como antes. Su voz, de repente, temblaba. Y con el temblor, de repente, ella reconoció el acento de China. (...) Le dijo que era como antes, que todavía la amaba, que nunca podría dejar de amarla, que la amaría hasta la muerte."


"Ha arrastrado... la selva camboyana. Arrastra todo lo que le sale al paso, chozas de paja, selvas, incendios extinguidos, pájaros muertos, perros muertos, tigres ..., islas de jacintos de agua aglutinadas, todo va hacia el Pacífico..., todo es arrastrado por la tempestad profunda y vertiginosa de la corriente interior..."

"... también ella lloró. Lo hizo sin dejar ver sus lágrimas, porque él era chino y esa clase de amantes no debía ser motivo de llanto...  El gran coche negro estaba allí. Lo reconoció por esas señales. La forma apenas visible, abatida, que se hallaba en la parte trasera del coche era él. Ella estaba acodada en la borda, como la primera vez en el transbordador. Sabía que la miraba. Ella también lo miraba, ya no le veía pero seguía mirando hacia la fortaleza del coche negro. Y después, al final, ya no le vio."


 
"La cama está separada de la ciudad por esas persianas de rendija, esa cortinilla de algodón.(...) Los olores de caramelo llegan a nuestra habitación, el de cacahuetes tostados, el de sopa china, de hierbas, de jazmín, de ceniza, de incienso... El fuego se transporta aquí en cestos, se vende por las calles, el aroma de la ciudad es el de los pueblos del campo, de la selva."

"El ruido de la ciudad resulta tan próximo, tan cercano, que se oye su roce contra la madera de las persianas. Se oye como si atravesaran la habitación. Acaricio su cuerpo en ese ruido, en ese paso."

"Le había pedido que lo hiciera otra vez y otra. Que me lo hiciera. Lo había hecho. Lo había hecho en la untuosidad de la sangre. Y, en efecto, había sido hasta morir. Y ha sido para morirse."

viernes, 23 de octubre de 2015

Lecturas en Candás y Pravia




 Arriba, con Manuel Riveiro en la presentación en Candás de la antología "Lluvia de palabras" (ediciones Nieva, Avilés, 2014).
Abajo, en las Jornadas literarias de Pravia, el pasado 17 de octubre, con Mª Esther García López, José Luis García Martín y Roberto González Quevedo en la mesa sobre geografía y literatura llamada "Asturias, paraíso literario".

 En el hotel Casona del Busto, de Pravia, el pasado sábado.