miércoles, 3 de agosto de 2016

Un poema de Fernando Beltrán



 LA GABARDINA DE MI PADRE


La que se cae a trozos,
la que uso todavía cuando viajo al norte,
como se aferra el don de un comodín.


Recuerdo que al probármela 
descubrí en sus bolsillos caramelos de menta
y un papel con los últimos recados.


Miel, manzanas, dos paquetes de Kleenex,
unas pilas de larga duración
que no cumplieron nunca su promesa,
y una nota final: Librería Hiperión.

Aún tiemblo.

Mi padre que pensé no había leído nunca
los libros que escribí,
los conocía todos, me dijeron, los compraba frecuente,
me dijeron, y elegía con pausa, me dijeron,
en función del regalo y la persona
a quien quería hacérselo, su médico, vecinos,
sus amigos, a cada cual un título.

No podía creerlo.
Yo experto en sus silencios, él experto en mis fríos.
Dos buscándose, y nunca.
Así la vida


Poema del libro HOTEL VIVIR, de Fernando Beltrán
Imagen: Rafal Olbinski



viernes, 1 de julio de 2016

EL CAMINO



Roncesvalles era el presagio. El inicio. Un punto de partida que poseía la belleza de una piedra milenaria.
El verde profundo de los bosques que bordeaban el camino ofrecía sendas umbrías, tentadores recodos en los que apetecía detenerse, porque, al fin y al cabo, salirse del camino programado no solo resultaba fácil sino fascinante. Entretenerse, merodear, dibujar meandros en nuestro recorrido, era como descubrir otro viaje distinto: el del azar, el destino, el libre albedrío...
La curiosidad nos impulsaba a demorarnos por vericuetos desconocidos, a dar un rodeo y perdernos por espacios diferentes a los que figuraban en nuestra hoja de ruta. 



Uno se imagina que el desplazamiento en el espacio es también un viaje en el tiempo, un viaje que nos ofrece la posibilidad de recalar en el medievo, respirar el recogimiento de la iglesias románicas e impregnarnos de la sacralidad del canto gregoriano... El camino de Santiago nos hace imaginarnos a nosotros mismos hace cientos de años, en compañía de peregrinos occitanos, ministreles, trovadores, tedescos y vascones, cantadeiras venidas de allende los mares, peregrinos que compartían el pan, el vino y la olla podrida de los monasterios, que dormían en la comunidad de las frías estancias abaciales, oliendo el humo de las hogueras que ardían por doquier y escuchando los cantares de gesta de boca de los juglares y de los músicos...

Ese camino iniciático había comenzado en Roncesvalles, pero no teníamos ni idea de dónde terminaría. Algunos pensábamos que no finalizaría jamás, que lo recorreríamos más allá de Finisterre, más allá del océano, una y otra vez, quizá hasta más allá de la muerte...

Carmen Cabeza

jueves, 23 de junio de 2016

LA ESPERA



"A  Jaime, aquel enamorado de inagotable paciencia que esperó toda una vida por Marlene"


Jaime, perdido, sufre la tormenta de las horas bajo sombras de hojalata, asfalto por zapatos, bolsas de basura gris, y la noche, como un guante de cuero que se traga coches, semáforos y gráciles sirenas que pasean medias de cristal, le besa en la nuca.

Jaime, desesperado, espera a Marlene bajo la lluvia, verde como su boca, roja como el beso de Marlene, ámbar  como los ojos del recuerdo, y el agua es tan espesa que se convierte en un mar de expectación, y el tiempo es tan grande, se ha ensanchado tanto, que se impregna de un olvido tenue y oxidado como las tuberías de esta ciudad. Y, así, sin darse cuenta, han ido pasando las horas y Jaime ha esperado tanto tiempo a su amada que los ojos se le han llenado de canas, y las sienes de surcos profundos e indeseables, y hasta el semáforo rojo ha sido arrastado por la dilatada espera  que no ha tenido fruto ni sentido.

Ahora, el cielo se tiñe de azafrán y violeta y pasea la sombra de las lágrimas, mientras, viejo ya, sin esperanzas, Jaime continúa esperando a Marlene bajo la lluvia...

Carmen Cabeza


martes, 7 de junio de 2016

MARILYN


Bourbon y Nembutal para la diosa,
 fragilidad escondida
tras unas cuantas gotas de Chanel.
Marilyn perdida
en la soledad de los pianos blancos,
insomnio mezclado con Veronal
y lápiz de labios.
Un teléfono rojo
mordería sus pecas esa noche
-aquella fue la última-
antes que el frío 
inundase para siempre
el ancho espacio rubio de sus venas.

Carmen Cabeza

sábado, 28 de mayo de 2016

MAYO




Mayo ha muerto
en el cristal de las rosas núbiles,
falto de azul celeste
y noches de piano con Chopin,
nocturnos de anémonas sin luna
y orquídeas desnatadas
que agonizan en mayo,
como el desierto
como el amante
como la nieve
turbia del viento
de mayo...


Texto: Carmen Cabeza
Imagen: Carlos Becerra

viernes, 13 de mayo de 2016

Soneto de Miguel Hernández


¿Recuerdas aquel cuello, haces memoria
del privilegio aquel, de aquel aquello
que era, almenadamente blanco y bello,
una almena de nata giratoria?

Recuerdo y no recuerdo aquella historia
de marfil expirado en un cabello,
donde aprendió a ceñir el cisne cuello
y a vocear la nieve transitoria.

Recuerdo y no recuerdo aquel cogollo
de estrangulable hielo femenino
como una lacteada y breve vía.

Y recuerdo aquel beso sin apoyo
que quedó entre mi boca y el camino

de aquel cuello, aquel beso y aquel día.

Miguel Hernández:  El rayo que no cesa 

martes, 26 de abril de 2016

Amanecer


Amanece la tierra,
el resplandor rugoso de la carne,
venas de materia transparente
tras la olorosa seda de la piel.
Balbucea
como hierba recién nacida,
savia arborescente,
vasos sanguíneos que resurgen
a través de mi mano.
Brota un alba como flor de cerezo.
Da luz a una hojarasca
de entrañas como escamas,
ilumina la sangre de signos vegetales...
El alba alumbra 
los plurales aromas de la tierra
en su reflejo cárdeno:
un vientre de magnolias,
cuerpos meciéndose en la sombra,
la rojiza tersura del serbal...

Poema de Carmen Cabeza