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viernes, 23 de octubre de 2020

Gustavo Martín Garzo en Gijón


Tuve el placer de presentar a Gustavo Martín Garzo en la Feria del libro de Gijón, celebrada el pasado septiembre. Su última obra, editada por Galaxia Gutenberg, lleva por título: Elogio de la fragilidad.

Me vi obligada a esbozar una especie de resumen sobre el autor, que ha escrito nada más y nada menos que una veintena de novelas, varios libros de ensayo, artículos de prensa, cuentos y literatura infantil…;  así que resulta obvio que solo pude referirme a los hitos más importantes de su trayectoria profesional.

Gustavo Martín Garzo, licenciado en Filosofía y Letras, se especializó en Psicología y trabajó como psicólogo clínico en Valladolid, ciudad donde reside. Su primera novela: Luz no usada se publica en 1986, pero es en el año 1993, con El lenguaje de las fuentes, cuando obtiene el Premio Nacional de Narrativa. En 1995 gana el premio Miguel Delibes por su novela: Marea oculta

Cuatro años después recibe el Premio Nadal por su novela: Las historias de Marta y Fernando. En el 2004 obtiene el Premio Nacional de literatura infantil y juvenil por su obra: Tres cuentos de hadas…, y a ese le siguen diversos galardones y premios como el Ciudad de Torrevieja, el Emilio Hurtado o el Premio de las Letras de Castilla y León, entre otros.

El libro que hoy nos ocupa, Elogio de la fragilidad, es una colección de 40 artículos, la mayor parte publicados originalmente en prensa y otros escritos ex profeso para esta ocasión.  Por sus páginas transitan películas, novelas, cuentos, mitos…  Algunos son textos autobiográficos, reflexiones personales, consideraciones diversas sobre literatura, cultura y cine... En uno de sus artículos, el autor escribe: “El misterio de la fragilidad es el misterio triste de la belleza, que es una cualidad de lo que nace y tiene que morir, de todo lo que escapa a nuestro poder”. Martín Garzo se asoma a ese misterio, a lo menudo y pequeño, a la finitud de la vida, a su fragilidad. En estos textos encontramos anécdotas y recuerdos de su infancia, con referencias a libros y películas que suponemos son los favoritos del autor, con relatos donde se dan cita, trenzándose en una prosa brillante, directores, escritores, personajes mitológicos, cuentos y leyendas.

  Figuran en sus textos, por ejemplo, autoras como Emily Dickinson, Santa Teresa, Isak Dinesen o Natalia Ginzburg, entre otras; escritores como Bram Stoker, Ovidio, Gómez de la Serna o Herman Melville;  directores de cine como Buñuel, Pasolini, Jean Renoir o Pedro Almodóvar…; y, los más misteriosos, seres de ficción, personajes creados por la imaginación de sus autores. Una enumeración aparentemente caótica sería la siguiente: Fortunata, de Galdós, Calixto y Melibea, Peter Pan, Wendy, Moby Dick y el capitán Ahab, Drácula o el inefable King Kong, el amante más desgraciado de todos porque su amor es completamente irrealizable…

Por último, señalaré que, además de hablarnos de las obras y los creadores que le han fascinado, Martín Garzo reivindica en este libro la necesidad del arte en nuestras vidas. Como él dice: “La necesidad del relato es inherente a nuestra naturaleza; no nos basta la vida”. 

O, lo que es lo mismo, pero parafraseando a Marcel Proust:

“La verdadera vida es la literatura. Gracias a ella se nos revela el mundo. Sin la literatura, nuestra propia vida nos sería desconocida.”

Carmen Cabeza

martes, 29 de octubre de 2019

Origen de los cuentos de hadas






























Existe una conocida frase del escritor Luis Landero que afirma que "el hombre es un animal narrativo". Y añade, en una entrevista: “Todos vamos de la vida al cuento…, y del cuento a la vida”

Parece que, en lugar de homo sapiens,  nuestra especie debería llamarse homo narrator.  Porque todos necesitamos contar y escuchar historias en forma de relatos, romances, chistes, poesías, refranes, canciones, cotilleos…. Esta cualidad ha acompañado al ser humano a lo largo del tiempo.

Si buscamos el origen de la narración, podemos aseverar que el cuento es el género matriz de la literatura, y esto es debido, sobre todo, a su antigüedad. Setenta mil años de entrenamiento han dejado poso. Se cree que el cuento surge en el Paleolítico, y no toma forma escrita hasta la primera muestra conservada en papiro, que data del antiguo Egipto.


En la época de las cavernas, los seres primitivos ya se contaban historias. Cuando faltaban miles de años para que se creara la escritura, los seres humanos eran depositarios y transmisores de la tradición oral. No solo subyacía en todo esto el deseo de contar experiencias propias y ajenas; los más adultos de la tribu también sentían  la necesidad de transmitir su experiencia y conocimiento a los más jóvenes, de brindarles su sabiduría y enseñarles los valores del bien y del mal. Más tarde, estas historias serían portadoras del  universal colectivo.








Para Elena Fortún, el cuento popular suponía el origen de la literatura universal. “La mayor parte de esos cuentos poseen un origen mítico o astrológico. Representaciones siderales, relatos míticos y fenómenos astronómicos parecen estar en el origen de la mayor parte de los cuentos tradicionales. Las narraciones del Panchatantra, en la India, son las mismas que han sido halladas en los sarcófagos egipcios, las que se contaban en las tribus africanas, y también en las europeas. Su origen está en  la Prehistoria”

Los hermanos Grimm, que recopilaron en el siglo XIX los cuentos tradicionales alemanes, creían que Alemania era la nación más rica en este tipo de literatura; pero también Perrault, un siglo antes, suponía que en Francia era donde había tenido su origen el cuento de hadas. Lo cierto es que los cuentos alemanes son los mismos que los franceses, y los rusos, y los fineses…

El espacio narrativo esencial  del cuento popular surge de forma espontánea en un grupo: tribu, familia, clan… Sus miembros se reunían en torno a una hoguera, alrededor del calor y la magia del fuego. El fuego actuaba como un elemento de cohesión: formar un círculo en torno a una hoguera invitaba a la escucha, a compartir historias con los otros miembros de la tribu, fortaleciendo así los lazos intergeneracionales. La palabra convocaba universalmente a lo colectivo.

Existía en este espacio narrativo una situación de sincronicidad y una capacidad de retroalimentación entre narrador y receptor, y eso hacía que las historias nunca fueran exactamente las mismas. Y es que el cuento tradicional o folclórico “vive en variantes” y estas variantes son el principio básico de su permanencia. Se añaden o suprimen elementos, algunos permanecen, otros se eliminan según las versiones.

El cuento tradicional, además de ser el género más antiguo, siempre es anónimo. Permanece en la memoria del pueblo como parte importantísima de su acervo cultural. Su temática es muy variada. Pueden tratar del heroísmo, de la fidelidad, la traición, del amor, de la muerte, de la maldad, de la envidia… Cuando una historia permanece en la memoria colectiva durante siglos es que ha pasado el filtro de la historia, que ha sido considerada un precioso legado para la humanidad. 



La mayoría son cuentos arquetípicos donde el malo es muy malo, el héroe es muy bueno y valiente, y no existen ambigüedades; el objetivo era que el público pudiese identificarse claramente con los personajes.

El ruso Vladimir Propp publica en 1928 La morfología del cuento. Estudia cien cuentos de hadas del folclore ruso y encuentra una serie de puntos recurrentes en todos ellos. Por ejemplo, se repetía siempre la figura del héroe (un muchacho, una muchacha); la del antagonista, es decir el malo, que podía encarnarse en la figura de una bruja, un ogro, una serpiente, un lobo, la madrastra, el dragón, la zorra… ; también se repetían elementos fijos, como el bosque, que simbolizaba la inseguridad ante el camino de la vida, las  dificultades y  pruebas que había que enfrentar para sobrevivir... Se daban también elementos como el viaje iniciático, el regalo, encarnado en un objeto mágico que recibe el protagonista (talismán,  anillo, espada); el hada o el genio; el premio y el castigo, la boda, el regreso, la victoria del héroe sobre el antagonista...

 En la mayoría, el tema fundamental es la transición a la vida adulta,  el paso de la infancia a la adolescencia. Se cree que los cuentos tenían la función de poner en guardia a los niños acerca de los peligros que se podían encontrar en el mundo. Enseñaba, por ejemplo, que desobedecer las advertencias de los padres podía tener fatales consecuencias, que el camino de la vida estaba plagado de pruebas y tareas que debían superar. Si las brujas de los cuentos han asustado durante generaciones enteras a los niños ha sido precisamente para despertar en ellos su capacidad de protegerse frente al mal.


jueves, 22 de junio de 2017

Escritores en la era de Internet


Hace ya bastante tiempo que me sorprende la abundancia en internet de entradas destinadas a captar clientes/alumnado para talleres de escritura, talleres de poesía, de "cómo hacer una novela" o cursos tipo "marketing online para escritores", "los diez mejores trucos para promocionar tu libro",  "necesitas tácticas de autopromoción"... y una larga serie de consejos que acaban haciéndote sentir culpable por tu "pasividad" en las redes sociales. Según copia literal, deberías mantener  una "intensísima actividad" virtual, como llevar tu blog al día (o blogs, si son varios), tener una web especializada en un género literario concreto, claro, en el que tú seas experto (¿?) o, al menos, lo parezcas; amén de contestar a todos los twitters y comentarios en Facebook, grabar tus opiniones sobre libros y novedades editoriales en vídeo y subirlos a tu canal de YouTube, porque, claro, a estas alturas de la historia tienes que ser un youtuber muy activo, faltaría más... Ah, y otra cosa muy importante, participar en foros literarios día sí y día también vertiendo tus originales opiniones sobre lo que sea... El caso es hacerte notar, que tus comentarios sean llamativos (pordiós no me seas un muermo...) y, bueno, el sueño de todo bicho viviente, ¡¡convertirse en trending topic!!



Así que, tras este extenuante trabajo, tras  haberte convertido en un twittero famoso, un youtuber con miles de seguidores, un estupendo onliner total... has rozado la cumbre de algo que no sabemos muy bien en qué consiste, pero que se parece mucho a que tu nombre suene (como ruido de fondo) en todo este maremagnum virtual. Se nos olvidaba algo... ¿Alguien ha mencionado la palabra escribir? Bueno, a estas alturas parece que escribir -y hacerlo bien- es lo que menos importancia tiene.
Tenemos consejos para todos: poetas, prosistas, aprendices..., consejos para escritores profesionales, noveles, audoetidados, independientes... Con toda esa hiperactividad no me extraña que acabemos haciéndonos adictos al ansiolítico, inmersos en una especie de ceremonia de la frustración (nunca llegas a hacerlo todo, nunca es suficiente), y la ansiedad que esto provoca suele ser lo más opuesto a la creatividad, aunque también puede suceder lo contrario:  muchos autores dan lo mejor de sí mismos cuando escriben bajo presión... Que se lo digan a Balzac, el eterno insomne de las noches en blanco, escribiendo sin parar para  tener a punto los capítulos de las novelas por entregas que se publicarían al día siguiente en La Revue des deux mondes o La Presse... Se dice que Balzac llegó a tomar hasta cincuenta cafés al día para mantener la lucidez y la agilidad mental, y así completó más de ochenta  novelas que le han convertido en uno de los grandes clásicos.


El café de Balzac ejercía sobre él una mejora de la concentración, algo fundamental a la hora de pergeñar una historia, novela, cuento... en fin, cualquier trabajo intelectual. Lo contrario es el cansancio mental que provoca la interacción permanente en las redes: fatiga y una literal  imposibilidad de centrarse en algo concreto. A menudo, esto se convierte en uno de las grandes problemas del escritor.
Nos intoxicamos con un exceso de información: datos, mails, likes, twits..., y eso añade estrés a nuestra vida. Nadie puede digerir toda la información que recibe, así que resulta inevitable caer en la dispersión. ¿Cómo gestionar todo esto sin caer en el espejismo de la banalidad? En una cultura donde prácticamente ya no se lee un libro completo, sino la reseña del libro; donde pululan escritores que no escriben (vividores que no viven, que decía Sabina), donde abundan los saraos y la vida literaria -muchas veces irrelevante, carente de verdadera autenticidad- y escasean los momentos de reflexión y soledad, estamos muy cerca de lo superficial y epidérmico, del tipico ruido -mucho ruido y pocas nueces- donde cuesta demasiado "distinguir las voces de los ecos...", como decía Machado...

Texto: Carmen Cabeza

martes, 10 de julio de 2012

Citas



Imagen: Presa de la Biblia (2006), de Jacek Yerka


"La lectura es a la inteligencia lo que el ejercicio es al cuerpo" (Richard Steele)


"Lee y conducirás. No leas, y serás conducido" (Teresa de Ávila)


"Una casa sin biblioteca es una casa sin dignidad" (anónimo)


"Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública puede medirse la cultura de un pueblo" (John Steinbeck)





"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca" (J.L. Borges)


"Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro" (Emily Dickinson)


"Ante ciertos libros, uno se pregunta: ¿quién los leerá? y ante cierta personas uno se pregunta: ¿qué leerán? Y al fin, libros y personas se encuentran" (André Gide)


"Ordenar bibliotecas es ejercer de un modo silencioso el arte de la crítica" (J.L. Borges)