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martes, 26 de abril de 2016

Amanecer


Amanece la tierra,
el resplandor rugoso de la carne,
venas de materia transparente
tras la olorosa seda de la piel.
Balbucea
como hierba recién nacida,
savia arborescente,
vasos sanguíneos que resurgen
a través de mi mano.
Brota un alba como flor de cerezo.
Da luz a una hojarasca
de entrañas como escamas,
ilumina la sangre de signos vegetales...
El alba alumbra 
los plurales aromas de la tierra
en su reflejo cárdeno:
un vientre de magnolias,
cuerpos meciéndose en la sombra,
la rojiza tersura del serbal...

Poema de Carmen Cabeza


jueves, 5 de junio de 2014

LA RAÍZ




Desarraigada.
Sin centro.
Con la raíz perdida
en el viento maldito de los sueños.
Habitando el cuerpo de una extraña.
Desencarnada.
En la tierra de nadie.
Una vorágine de viento
inmaterial y transitorio.
Enemiga que declara la guerra
hacia sí misma
y se aleja del núcleo,
sin retorno,
desconociendo el alba,
desconociendo el vientre
cóncavo del mundo...

domingo, 26 de mayo de 2013

EL ALBA


El alba nace.
Manos de lluvia
extienden su aliento vegetal
desde valles colmados por la niebla.
A través de caminos invisibles
avanza hasta mi puerta
el olor penetrante de la tierra,
la exquisita tersura de las hojas,
la gravedad silente de la piedra.
El alba detiene ante mis ojos
su cauce húmedo
-un rastro que procede
del intenso aroma de los robles,
del fulgor de la noche,
de los antiguos bosques milenarios-


y viene,
como isla amanecida,
a aplacar la inquietud de mi sangre.
El alba es una isla,
región solar que desentierro
hasta encontrar la densidad
de su materia fértil,
la memoria sumergida
a través de la hiedra.
Y vuelven viejas voces
que me embriagan ahora,
cuando me tiendo,
cuerpo a cuerpo
con la tierra,
el centro de gravedad
atrayéndome al núcleo



-a lo más profundo-
y siento las raíces
trepando a mi cintura,
atándome,
sujetándome a la tierra
de cuerpos en cenizas,
de peces en tinieblas,
de sangre silenciosa...
Y me invade un silencio
de gargantas antiguas
que me transforman en barro,
en trigo candeal,
en hierba,
en olorosa viña que me cubre,
encinta,
grávida,
gestante...

Carmen Cabeza, La tierra y el alba (2008)
Cuadro: Amanecer, Claude Monet (1872)
Foto del centro: Christopher Burkett (1991)

lunes, 8 de agosto de 2011

Desmesura



Probé el veneno de la ciudad dorada...

Bajo el tedio monocorde y fiero de los siglos,

multitud,

Babilonia en mis manos,

plata sonora en muros franqueables,

rayos de sol resplandeciente

derramado en mis venas

como aliento de raso,

como aroma sin tiempo.

Paseo en sus jardines

de fértil desmesura,

por los turbios puentes

de abril desconocido,

al paso lento de un río

que anega Babilonia,

mientras la noche

-equinoccial y pagana-

invade sus orillas desmedidas,

el acero sonido de presagios,

el encanto mortífero

de su gastado cuerpo...

Carmen Cabeza
Cuadro de Pieter Brueghel el Viejo: La torre de Babel (1563)

viernes, 27 de mayo de 2011

Incendio ("La tierra y el alba")



Tu cuerpo era un incendio

-tantas veces incendio-

región incandecente de huesos calcinados.

Un resplandor de nieve comestible,

materia candeal, metal ardiente

de trémulo fulgor entre las brasas.


Mi cuerpo fue un incendio,

fuego inútil mi cuerpo

de enardecidas venas incendiadas,

una hoguera la lumbre de los labios

ante de convertirse en tierra,

en polvo de deseos inservibles

que ardieron sin cautela.


Todo el cuerpo fue escombro,

tierra quemada de fósil geología,

cenital la garganta

bajo un manto de piedra,

desolación solar

el musgo de los dedos.


Ahora nos cubre la ceniza,

nos convierte en naturaleza estéril,

en médulas sin gloria

y restos minerales.

Todo ardió en aquel fuego:

la sacralidad del útero infecundo,

los destruidos brazos desde entonces,

cuando tu cuerpo era incendio

tantas veces incendio...

Tu cuerpo incandescente

en un mundo de sombra.

martes, 1 de febrero de 2011

Áspero cuerpo




Lodo caliente

-femenino-

cuerpo oprimido

por leyes estériles.

Estrangulada nieve la cintura,

senos ceñidos por férula severa,

cercados muslos,

continuos prisioneros

de acrílicos hostiles;

cuerpo de barro

que se desprecia y castiga

y sólo a veces estalla,

como un torrente,

recuperando el amplio cauce

de carne heterodoxa.


Lodo creciente,

mestizo,

que escupe y se desborda

anegando la tierra,

recobrando los surcos

de su materia grávida,

retornado al origen...


Como un río que inunda

los estrechos márgenes,

tu cuerpo rompe,

en espectacular crecida,

la angostura mezquina del cilicio...

martes, 16 de noviembre de 2010

"que maldicen tu nombre..."

Imagen: Leonid Afremov

Maldigo este noviembre
de escamas amarillas
-heridas entreabiertas
sobre huesos de lluvia-

El óxido otoñal
me cubre como escarcha,
horadando mi casa,
recorriéndola a ciegas...
Y hoy los topos resucitan tu nombre:
canciones de Edith Piaf bajo los charcos,
tu terca estirpe de desgracias
y fríos torrenciales
presagiando el invierno.

Maldigo tus palabras,
las tiernas cicatrices
al filo de tus ojos
y el viento de los sueños olvidados
que me besan de nuevo,
cuando este olor a crisantemos
me destroza la cama,
y crepitan las hojas
del maldito noviembre,
y maldigo esta lluvia
de susurros helados
que maldicen tu nombre
y te maldicen...

martes, 26 de octubre de 2010

HAY SÁBANAS REFUGIO



Cuadro de Berthe Morisot




Hay sábanas refugio

que envuelven su tibia desnudez;

párpados de piel de satén,

pétalos blancos

que huelen a lino y azalea.


Su presencia es átomo nocturno,

hilo proteico,

matriz fecunda

que incuba fantasías de algodón.


Cama profunda, germinal,

tiempo que vuelve

transformado en su círculo mágico,

en el mero instante

de su existencia mórbida.


Lecho efímero,

pasión de intensos labios,

placer,

eterna seda,

vida, carne, muerte y sueño...


Carmen Cabeza

domingo, 12 de septiembre de 2010

LA TIERRA AMANECIDA ("La tierra y el alba")

Campo de trigo con cuervos de Vincent Van Gogh



Planetas, pulsos, lluvias estelares,

íntima geografía de la carne,

espacio visceral

de órganos y húmedas raíces

que gravitan bajo los cuerpos

en un instante ciego de ebriedad

y vino derramado.

Amanece la tierra,

turgencias vegetales

de sangre inagotada,

de células sensibles,

de vida poderosa...


Carnal y amanecida,

la tierra se impregna

de vastos territorios:

una hemorragia extensa

de frutales, de savia,

de surcos ocres sobre su vientre.


Abierta.

Enteramente fértil.

Hendida por los rayos

de un alba incandescente.



Carmen Cabeza Martínez

lunes, 26 de julio de 2010

LETANÍAS ("La tierra y el alba")


"Niña de grey dorada,


diré a la vida que la recuerdas,


diré a la muerte que la recuerdas..."


Blanca Andreu


( Inspirado en la lectura del poema Para Olga, de Blanca Andreu )






LETANÍAS



Niña de confesionarios negros
lápices rotos y carmín en los labios,
embriagada por un brillo
de celuloide prohibido;

niña envuelta por cuadernos
de escritura ilegible,
que apresaba páginas
con zumbido de libélulas
y de olores violeta;

niña de insomnios vírgenes
y pétalos durmientes
como el maleficio de las hadas;

niña sin pócimas ni hechizos
que anhelaba los sueños más hermosos
e invocaba letanías en las tardes de invierno;


niña herida por las brujas más antiguas,
silenciada por el frío
de las nieves estériles;



te vas
con la soledad inevitable
de la memoria turbia,
varada en una tira
de negativos grises...

Niña sin tiempo ni mañana
-completamente sola-
perdida en el lugar deshabitado
donde duermen,
sin rostro,
los recuerdos...



Carmen Cabeza Martínez



Pintura: Sophie Gengembre Anderson



lunes, 5 de julio de 2010

LLUVIA ("La tierra y el alba")



Lluvia,

selva exuberante,

agallas y branquias

de peces milenarios,

de escamas revividas.


Verde tierra,

espigas verdes

y corzos desbocados.

Lluvia de orquídeas verdes

que amanecen bajo la luna.

Lluvia revivida.

¡Verde,

eternamente verde...!





Carmen Cabeza Martínez