sábado, 10 de abril de 2021

Palabras de agradecimiento

 



Gracias por el Premio de la Crítica de Asturias 2021 a mi novela Nunca fuimos Ingrid Bergman. 

Quisiera iniciar estas palabras con un agradecimiento expreso a la entidad que organiza los premios de la Crítica, la Asociación de Escritores de Asturias; a su presidenta, Doña Esther García López, y, muy especialmente, a los miembros del jurado, por considerar que mi trabajo era merecedor de este galardón. También deseo felicitar a todos los premiados en las distintas modalidades.

 Aunque he escrito anteriormente poesía y relato, creo que la novela es el género que mejor documenta la intimidad, la historia cotidiana, eso que Unamuno llamaba la intrahistoria, por eso escogí este género para escribir Nunca fuimos Ingrid Bergman

Como autora, me interesaba recrear situaciones del pasado, hechos anclados en el olvido que no existirían a no ser que alguien los rescatara a través de las palabras. Considero que ese es el mejor motivo para escuchar, contar o  escribir  historias, algo que nos define como especie, porque un libro contiene a hombres y mujeres que nos habitan por dentro, que nos contienen a nosotros mismos y hacen que nos descubramos en ellos, aunque sean personajes ficticios. 

Creo que en ese momento la literatura deja de ser algo epidérmico y superficial, y cobra un sentido profundo. Es entonces cuando la lectura remueve y  engancha; deja de ser una afición para convertirse en una necesidad.

Leer y escribir se parecen mucho al gesto de abrir puertas y ventanas. Significa ventilar la casa, asomarse a otra realidad, ser capaz de ponerse en la piel del otro… Gracias a la ficción hemos podido asomarnos a las vidas de los héroes y antihéroes que habitan las páginas de nuestra historia literaria. Una frase de Rosa Montero explica perfectamente esa insobornable necesidad de literatura: “Dejar de leer representaría para mí la muerte instantánea, sería como vivir en un mundo sin oxígeno.”

Para terminar, me gustaría agradecer a todas las personas amigas su ayuda en la consecución de este proyecto y, en especial, a Juan Carlos, sin el que me habría resultado imposible escribir este libro. Gracias también a mi madre, Carmen, que era una magnífica narradora y  me transmitió, desde que era pequeña, su pasión por la literatura.

Muchas gracias a todos. 

Carmen Cabeza Martínez

 


sábado, 13 de marzo de 2021

e los Premios de la Crítica y las Letras

 



Ayer, 12 de marzo, se entregaron en el Aula Magna de la Universidad de Oviedo los Premios de la Crítica 2020, concedidos a las obras publicadas en el 2019  por autores asturianos o residentes en Asturias.  

He tenido el placer de recibir esta estatuilla por mi primera novela, Nunca fuimos Ingrid Bergman. Fue un honor para mí recoger el galardón  (la escultura Apolo, diseñada por el recientemente fallecido Jaime Herrero) y compartir la tarde con los premiados en las demás modalidades, el público asistente y los miembros de la Asociación de Escritores de Asturias. Una jornada inolvidable. 

¡Muchas gracias a todos!

miércoles, 30 de diciembre de 2020

XX Premio de la Crítica de Asturias a la novela "Nunca fuimos Ingrid Bergman"

 


 
La Asociación de Escritores de Asturias otorga el XX Premio de la Crítica en la modalidad de Narrativa en Castellano a la novela Nunca fuimos Ingrid Bergman, de Carmen Cabeza Martínez
 
Reunidos en Oviedo el jurado formado por: Mirta Chamorro Mielke, Adolfo Casaprima Collera y Marcelo Matas de Álvaro, y actuando como secretaria, con voz pero si voto, Julia Urdiales Puerta,      acuerdan conceder el premio de La Crítica a la novela titulada "Nunca fuimos Ingrid Bergman", de Carmen Cabeza Martínez. El jurado ha valorado, entre otros aspectos,  la profundidad descriptiva de los personajes, la riqueza  del lenguaje y la emotividad de las secuencias narrativas. Todo ello da como resultado una novela completa y de amena lectura. El jurado destaca, además, la calidad de las novelas presentadas.
 
Oviedo, a 14 de diciembre de 2020
 

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Reseña de Marcelo Matas de Álvaro


 


Reseña de Marcelo Matas de Álvaro  (diario El Comercio,  11 de diciembre del 2020)

 

En busca de la identidad

La escritora ovetense Carmen Cabeza recibió el Premio de la Crítica de Asturias 2015 en la modalidad de Narrativa en Castellano por su obra  Raquel bajo la lluvia y otros relatos (CSED ediciones, 2014), un conjunto de narraciones cortas que incluía relatos de ficción, referencias de viajes, artículos periodísticos, críticas literarias y cinematográficas. Además de la calidad de los relatos, de aquella miscelánea destacaban las entradas dedicadas a autores como Tennessee Williams, Martín Santos o las hermanas Brontë. Esta facultad para la crítica, para realizar un análisis que consiga abrir al lector hacia una nueva perspectiva en el entendimiento del autor y su obra, es también de la que se sirve Carmen Cabeza para edificar, utilizando una estructura en la que no se advierte el necesario andamiaje, la novela Nunca fuimos Ingrid Bergman (Ediciones Nieva, 2019).

Así, una narración que podría haberse frustrado por la concurrencia de ciertos elementos demasiado presentes en las tramas novelescas  —la orfandad de la narradora, la infancia con sus abuelos, el duro pasado de la familia condicionado por las miserias de la guerra civil, el abuelo preso en la posguerra, una mujer a la que hacen pasar por loca por atreverse a denunciar el maltrato de su marido, el salvaguardas del estraperlo, el aprovechamiento de la situación de necesidad por un personaje adicto al régimen, quien pone un piso a una de las tías de la narradora y, más tarde, perpetra el hecho clave de la novela— no solo se salva con creces, sino que logra relevancia literaria gracias a la estructura narrativa que la configura. Es la elección del punto de vista  —principal problema a resolver en una obra, según Henry James—  el que otorga sentido narrativo a esta novela. La narradora escribe desde la soledad y la lejanía de una cabaña situada en una pequeña ciudad de Finlandia. A la vez que va reflexionando sobre su presente, va rescatando trazos de una memoria que le ayuden a ahuyentar el miedo.  A través  de breves pasajes que, a modo de flashbacks cinematográficos, la autora va ensamblando como en una película de imágenes pasadas, va componiendo la historia que ha determinado su vida, una historia que se cierra  definitivamente cuando va recibiendo las cartas que su tía Charo (la amante del personaje adicto al régimen) escribió en los años 50 desde La Habana a su abuela, y en las que se revela el oculto origen de la narradora. Este distanciamiento físico y temporal es el que permite —en aparente paradoja— a la narradora acercarse a su pasado para lograr resolver ese enigma de su identidad que jamás se atrevió a imaginar.

Carmen Cabeza tiene esa cualidad de conjugar una sólida estructura narrativa con la articulación de una prosa bien perfilada, a menudo nutrida con imágenes que vigorizan el sentido de lo contado. Nunca fuimos Ingrid Bergman tiene ese poso de melancolía habitado en las vidas de unas mujeres que alguna vez soñaron con la belleza y la felicidad de ser personajes de ficción, como la actriz sueca que aparece en el título del libro; mujeres que tuvieron la certeza de que sus hombres las abandonarían tarde o temprano por el ardor de los campos de batalla, por la aventura…; mujeres que, como la narradora, tendrán que cargar para siempre con el dolor del pasado, y no solo porque no pudieron ser Ingrid Bergman, ni poseer la cualidad evanescente de su pelo, ni su sonrisa, que le fruncía el rostro como una flor asimétrica.

sábado, 28 de noviembre de 2020

Sobre un cuadro de Edward Hopper


Creo que un cuadro acaba perteneciendo a los ojos que lo contemplan.  Escogí "Dauphinee House" porque, como todas las pinturas de Hopper, contiene un montón de elementos que te hacen imaginar una historia. 

A primera vista, el cuadro evoca una alegría  aparente. En una primera ojeada atrae la brillante amalgama de tonos cítricos, verde lima, menta, amarillo cadmio… Pero en una segunda mirada podías descubrir algo menos risueño. Porque más allá del azul cian y el esplendor en la hierba (Wordsworth dixit), por encima de la reluciente pradera, hay una casa cerrada que se adivina primorosamente blanca, y que, para mí, constituye el núcleo de la historia.

Pensé que más allá de albor, de la perfecta gradación de azules: índigo, celeste, añil…, más allá del lavanda y el azul de Prusia, podía olerse el mar, tal vez  en un probable acantilado detrás de la casa, un mar poderoso, imperceptible a la vista. De ahí la turbulencia.

Porque, tras la aparente placidez, se percibe una amenaza cierta, palpable sobre todo en la silueta de los árboles, en ciertas formas extrañas que poseen una quietud siniestra, algo que recuerda a los pájaros de Hitchcock, una negrura de cuervos posados en los árboles que otorgan a la imagen una cualidad inquietante.

Y llegados a ese punto, creo que todos podríamos sentir que habitamos en esa casa sitiada; todos podríamos  reconocernos a nosotros mismos en  ese refugio contra las sombras, y sentir el palpitar de esa casa que se enfrenta al miedo cada día, desafiándolo con gestos cotidianos. Cotidianas e invencibles rutinas como el horario de los trenes, el café de la mañana que conjura la soledad de una jornada igual que la anterior, el olor a  pan caliente, la belleza de unas flores recién cortadas..., esa lluvia de detalles que, sin embargo, no sirven para que desaparezcan las sombras, porque todos sabemos que cada vez que los habitantes de esa casa imaginaria se asomen a la ventana, volverán a ver a los pájaros, y que los pájaros, como aves de mal agüero, continuarán en el mismo sitio,  imperturbables, tercos, como  manchas troquelando de suciedad el horizonte, amenazando la felicidad y los sueños...

Carmen Cabeza

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Entrevista a Carmen Cabeza

 

 

Entrevista realizada por la Asociación de Escritores de Asturias (sept. 2020)

 

1.- ¿Crees que los escritores deben estar unidos en algún tipo de asociación?

Definitivamente, sí.  Aunque el oficio de escribir es algo que se realiza en soledad, a la hora de publicar y difundir tu obra, la orientación de las asociaciones y de otros escritores es muy importante. En la actualidad, debes aprender a  moverte por  un mundo editorial cada vez más complejo, por eso el asesoramiento resulta fundamental.

2.- ¿Cómo ves el panorama literario en España?

El libro se ha transformado en producto, en objeto de consumo, pero eso no ha redundado precisamente en su calidad. Se publican y venden muchos libros, quizá demasiados, y ese excedente ha  conducido a una banalización de lo literario: la literatura deja de ser considerada obra de arte para convertirse en  producto de ocio. De ahí que prolifere la literatura de evasión, de entretenimiento, el libro de carácter divulgativo... Pero eso no es exclusivo de España, claro. Pasa lo mismo en todas partes. La alta literatura, por llamarla así, sigue  siendo un género de minorías.

3.- ¿Y en Asturias?

En Asturias existe un ambiente de ebullición cultural.  En los últimos veinte años se han publicado una serie de obras muy interesantes, tanto en poesía como en narrativa. En ese sentido, la literatura asturiana está en auge. La mala noticia, sin embargo, es que lo que se escribe aquí no tiene una difusión relevante fuera de Asturias. La  invisibilidad mediática y comercial es nuestro mayor enemigo.

4.- ¿Qué medidas deberían tomar las autoridades para fomentar la lectura?

En mi opinión, no se lee menos que antes. Al contrario, se lee más, y en todo tipo de soportes.  Los planes de fomento de la lectura se siguen realizando en colegios, bibliotecas,  librerías, clubes de lectura, talleres… Nunca se ha reivindicado tanto la importancia de la literatura. Reconozco que el éxito es escaso entre el público más joven, que es el que menos lee, pero entre los adultos la cosa cambia. Otro tema es la calidad de las lecturas, claro, pero en eso no me meto. Leer no debe ser entendido como una obligación sino como un placer, y cada uno debe leer aquello que más le guste.

5.- Recomiéndanos algún libro tuyo.

Sin duda, el último. Lo acabo de publicar. Se trata de una novela que lleva por título: Nunca fuimos Ingrid Bergman

6.- ¿Cómo definirías tu literatura?

Intento que en mis obras aparezca todo eso que, en mi opinión,  sustenta el hecho literario: emoción, desasosiego, misterio, contención, belleza…  En realidad, siempre intento escribir los libros que a mí me gustaría leer.

 

 

 

 

viernes, 23 de octubre de 2020

Gustavo Martín Garzo en Gijón


Tuve el placer de presentar a Gustavo Martín Garzo en la Feria del libro de Gijón, celebrada el pasado septiembre. Su última obra, editada por Galaxia Gutenberg, lleva por título: Elogio de la fragilidad.

Me vi obligada a esbozar una especie de resumen sobre el autor, que ha escrito nada más y nada menos que una veintena de novelas, varios libros de ensayo, artículos de prensa, cuentos y literatura infantil…;  así que resulta obvio que solo pude referirme a los hitos más importantes de su trayectoria profesional.

Gustavo Martín Garzo, licenciado en Filosofía y Letras, se especializó en Psicología y trabajó como psicólogo clínico en Valladolid, ciudad donde reside. Su primera novela: Luz no usada se publica en 1986, pero es en el año 1993, con El lenguaje de las fuentes, cuando obtiene el Premio Nacional de Narrativa. En 1995 gana el premio Miguel Delibes por su novela: Marea oculta

Cuatro años después recibe el Premio Nadal por su novela: Las historias de Marta y Fernando. En el 2004 obtiene el Premio Nacional de literatura infantil y juvenil por su obra: Tres cuentos de hadas…, y a ese le siguen diversos galardones y premios como el Ciudad de Torrevieja, el Emilio Hurtado o el Premio de las Letras de Castilla y León, entre otros.

El libro que hoy nos ocupa, Elogio de la fragilidad, es una colección de 40 artículos, la mayor parte publicados originalmente en prensa y otros escritos ex profeso para esta ocasión.  Por sus páginas transitan películas, novelas, cuentos, mitos…  Algunos son textos autobiográficos, reflexiones personales, consideraciones diversas sobre literatura, cultura y cine... En uno de sus artículos, el autor escribe: “El misterio de la fragilidad es el misterio triste de la belleza, que es una cualidad de lo que nace y tiene que morir, de todo lo que escapa a nuestro poder”. Martín Garzo se asoma a ese misterio, a lo menudo y pequeño, a la finitud de la vida, a su fragilidad. En estos textos encontramos anécdotas y recuerdos de su infancia, con referencias a libros y películas que suponemos son los favoritos del autor, con relatos donde se dan cita, trenzándose en una prosa brillante, directores, escritores, personajes mitológicos, cuentos y leyendas.

  Figuran en sus textos, por ejemplo, autoras como Emily Dickinson, Santa Teresa, Isak Dinesen o Natalia Ginzburg, entre otras; escritores como Bram Stoker, Ovidio, Gómez de la Serna o Herman Melville;  directores de cine como Buñuel, Pasolini, Jean Renoir o Pedro Almodóvar…; y, los más misteriosos, seres de ficción, personajes creados por la imaginación de sus autores. Una enumeración aparentemente caótica sería la siguiente: Fortunata, de Galdós, Calixto y Melibea, Peter Pan, Wendy, Moby Dick y el capitán Ahab, Drácula o el inefable King Kong, el amante más desgraciado de todos porque su amor es completamente irrealizable…

Por último, señalaré que, además de hablarnos de las obras y los creadores que le han fascinado, Martín Garzo reivindica en este libro la necesidad del arte en nuestras vidas. Como él dice: “La necesidad del relato es inherente a nuestra naturaleza; no nos basta la vida”. 

O, lo que es lo mismo, pero parafraseando a Marcel Proust:

“La verdadera vida es la literatura. Gracias a ella se nos revela el mundo. Sin la literatura, nuestra propia vida nos sería desconocida.”

Carmen Cabeza