jueves, 15 de septiembre de 2011

El viento




Abrazo el palpitar de lo invisible,

el torrente de lluvia proyectada

en prisma transparente, en infinito.

Abrazo el horizonte.

El aire eterno

que alimenta tormentas estelares.

Y solo existe el viento,

la nada y el reflejo de las nubes;

abrazo lo imposible y lo lejano,

el ente de la esencia de lo aéreo...






Silencio



Faltan palabras.

Para hablar ya no hay palabras.

Solo el silencio nos enlaza,

como un hilo de algodón torcido,

porque los gritos enmudecen

y habla el silencio...





Carmen Cabeza Martínez

jueves, 8 de septiembre de 2011

Como un secreto



Al despertar,

había una palabra quemándome

los labios;

expulsé la palabra de mi boca

y la olvidé después.

Pero otras palabras

volvieron esa noche,

un torrente de voces inasibles,

ecos frágiles de telas de araña

que desaparecían siempre

al amanecer,

en el extraño duermevela

que precede al olvido.

Nunca supe quién pronunció

aquellas palabras proscritas,

qué boca se acercaba a mi oído

-cada noche-

y susurraba,

como un secreto,

la clave escondida de tu nombre.


Carmen Cabeza

Cuadro de Gustav Klimt: Mujer con sombrero y boa de plumas (1909)

lunes, 15 de agosto de 2011

Las palabras (Neruda)

"... Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las palabras... Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen... Vocablos amados... Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema... Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces las vevuelvo, las


agito, me las bebo, me las zampo, las trituro las emperejilo, las liberto... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola... Todo está en la palabra... Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció... Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas... Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada... Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos... Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos


fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo... Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas... Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplancedientes... el idioma. Salimos perdiendo... Salimos ganando... Se llevaron el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y nos dejaron todo... Nos dejaron las palabras."

Pablo Neruda: fragmento del libro de memorias Confieso que he vivido (1973)

lunes, 8 de agosto de 2011

Desmesura



Probé el veneno de la ciudad dorada...

Bajo el tedio monocorde y fiero de los siglos,

multitud,

Babilonia en mis manos,

plata sonora en muros franqueables,

rayos de sol resplandeciente

derramado en mis venas

como aliento de raso,

como aroma sin tiempo.

Paseo en sus jardines

de fértil desmesura,

por los turbios puentes

de abril desconocido,

al paso lento de un río

que anega Babilonia,

mientras la noche

-equinoccial y pagana-

invade sus orillas desmedidas,

el acero sonido de presagios,

el encanto mortífero

de su gastado cuerpo...

Carmen Cabeza
Cuadro de Pieter Brueghel el Viejo: La torre de Babel (1563)

jueves, 28 de julio de 2011

Tres canciones

Las canciones de mis tres últimas entradas forman parte de una maqueta realizada en el estudio de grabación de unos amigos durante el verano del 2010. Ellos me proporcionaron los fondos musicales y yo canté diez temas que ahora, poco a poco, iré presentando en mi blog.



Summertime: Es una de las canciones más versionadas de la historia: se cree que ha sido cantada por más de tres mil vocalistas (conocidos). Originalmente fue compuesta por George Gershwin como una aria de ópera, con letra de DuBose, Ira Gershwin y Dorothy Heyward, para la ópera Porgy and Bess, de 1935. Gershwin empezó a escribir esta canción en diciembre de 1933, en un intento por captar el folklore de la música afroamericana de aquella época. Se trata de una canción de cuna. En la obra se canta tres veces, una en cada Acto de la ópera, pero la canción pasó a convertirse en un clásico del jazz, siendo interpretada por Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Sarah Vaughan, Bessie Smith, Janis Joplin, Louis Armstrong, Miles Davis, Diana Krall, Paloma San Basilio... la lista de nombres es enorme. Personalmente, considero que hay dos versiones insuperables: la más jazzística, en la cálida voz de Ella Fitzgerald, magistral, con unos giros vocales impecables; y la psicodélica, desquiciada y sobrecogedora interpretación de Janis Joplin, con su voz aguda estirándose al filo de la navaja, casi a punto de romperse, como efectivamente se rompería del todo poco después, cuando la cantante murió por culpa de una sobredosis. ¡Impresionante!





Je ne regrette rien llegó a tener tanta popularidad que ha llegado a convertirse en un himno. Su mensaje: "no me arrepiento de nada", lo podemos ver graffiteado en este muro, con el título de la canción traducido al inglés. Cuando la imagen de una cantante llega a convertirse en protagonista de esos altares anónimos erigidos por el pueblo, sabemos que ha llegado a ser parte de él, de sus recuerdos, de sus sueños, de su imaginario colectivo. Este mensaje, lanzado como un grito de rabia, constituye un germen, una resurrección, un principio de vida. Cuando Piaf dice "Je m'en fous du passé" ("me importa un bledo el pasado"), se encuentra desahuciada, casi al final de su vida, pero, a pesar de todo, se identifica plenamente con ese "mi vida comienza hoy", el ayer ha sido "pagado, barrido y olvidado" ("c'est payé, balayé, oublié..."); "je repars á zero" (vuelvo a empezar desde cero...)


Con música de Charles Dumont y letra del escritor Michel Vaucaire, la canción fue escrita en 1956 y cantada por varios artistas que no lograron hacerla conocida en Francia, hasta que, en la voz de Edith Piaf se convirtió en una pieza emblemática.


Hacia un año que la cantante había decidido retirarse de los escenarios debido a sus problemas de salud, pero Dumont y Vaucaire contactaron con Edith (a mediados de 1960) para que grabara una canción que, según los compositores, parecía escrita justamente para ella. Al principio, la Piaf se mostró reticente, pero cuando por fin decide escuchar "Non, je ne regrette rien", se queda fascinada. Según cuenta Dumont: "Cuando empecé a tocar el piano, la actitud de Piaf cambió de inmediato. Me hizo tocar una y otra vez, tal vez unas cinco o seis veces. Dijo que la canción era magnífica, maravillosa, que fue hecha para ella".


Y, por supuesto, el éxito fue total. Tanto que, hoy en día, los dos títulos asociados a su carrera son, sin duda, "La vie en rose" y "Non, je ne regrette rien". Pero Edith Piaf no pudo disfrutar mucho tiempo más de los escenarios. Tres años después, el 10 de octubre de 1963, se produce su fallecimiento, a la edad de 47 años. La mala salud, su adicción a la morfina y los sufrimientos de toda una vida pusieron, prematuramente, punto final a su existencia.






Cry me a river es una balada "jazzy blues" imaginada, en principio, para Ella Fitzgerald como parte de la banda sonora de una película ambientada en los años 20. Al final, la canción no fue incluida en el film, así que la primera en cantarla, en el año 1955, fue Julie London, que convirtió la canción en un gran éxito. El compositor era un músico prácticamente desconocido, Arthur Hamilton, amigo de la London, que luego compuso varias canciones para cine y televisión.

Julie London poseía una voz íntima, grave y sensual, que se adaptaba muy bien al registro del jazz y el blues. Grabó muchos álbumes, además de trabajar como actriz para el cine y la televisión.
Joe Cocker y Michael Bublé, entre muchos otros, hicieron versiones de esta canción, así como Ella F., Natalie Cole, Barbra Streissand, Diana Krall ... ¡y la mismísima Susan Boyle!


Personalmente, mi interpretación favorita es la de Barbra Streissand en televisión, en el show de Dinah Shore, mayo de 1963 (podéis verlo en YouTube). Su actuación resulta espectacular...