
Como una geoda,
abierta en su centro
de magma potencial.
Lava fundida,
femenina,
que se oculta
hasta desaparecer
tras una mordaza.
Cortan su élitros esbeltos,
su vértice convexo,
el último resquicio
que las conecta al placer.
Lo extirpan.
Lo derraman.
Tras la sangre vertida,
cae el silencio a borbotones
en los cuerpos cosidos,
en las bocas clavadas
que enmudecen ahora
desconociendo el grito,
la pulsión,
la voz...
Son seres a tientas
-mujeres mutiladas-
cálices rotos
heridos por la aurora,
que se extingue
entre los rayos
de un rojo cadmio.
Carmen Cabeza Martínez
Me duele el alma al leer tus versos. Dura y cruel relaidad que transmites de manera impecable, como siempre.
ResponderEliminarBs
Emocionante Carmen.
ResponderEliminarGracias, Esme, Masgüi, por compartir esta repulsa ante un hecho que afecta en la actualidad a millones de mujeres. No puedo ni quiero entender que algunos "intelectuales" defiendan la no intervención ante esta injusticia amparándose en temas como la tradición ancestral y la "cultura"... ¡Qué asco...!
ResponderEliminarEsta práctica bruta, despiadada, horrorosa, está refejada en el poema de un modo magistral. Un verso sumamente expresivo, ese silencio que cae a borbotones" después y tras la herida para siempre ¡Conmovedor!
ResponderEliminarGracias, Amílcar, por tu comentario.
ResponderEliminarHe intentado explicar con metáforas la sangre a borbotones, en muchos casos la muerte por hemorragia e infección, el terrible dolor, la herida que las deja imposibilitadas para obtener placer, la sensación de amputada-lisiada que permanece de por vida... En fin, toda mi repulsa ante esa práctica, como tú bien dices, despiadada y horrorosa.
He visitado tu blog varias veces y no se han podido publicar los comentarios que te he dejado. No sé qué le pasa a este aparato... De todas formas, lo seguiré intentando.
Muchas gracias de nuevo.
Carmen