jueves, 20 de junio de 2013

Karen Blixen: Lejos de África


 "Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El ecuador atravesaba aquellas tierras altas a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos seis mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas, y las noches frías.(...)
La principal característica del paisaje y de tu vida en él era el aire. Al recordar una estancia en las tierras altas africanas te impresiona el sentimiento de haber vivido durante un tiempo en el aire. (...)  En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: "Estoy donde debo estar."


 "Para los grandes viajeros que había entre mis amigos creo que la granja tenía su encanto, porque era inalterable y allí estaba, vinieran cuando vinieran. Viajaban por vastos países y levantaban sus tiendas en muchos lugares, y les gustaba encontrarse con que mi camino seguía siendo inmutable como la órbita de una estrella. (...) Yo estaba siempre deseando irme lejos de la granja y ellos venían con el deseo de libros, sábanas de lino y la fresca atmósfera de una habitación grande y las persianas bajadas; en sus fuegos de campamento pensaban en las alegrías de la vida en la granja..."


"Había  un lugar en las colinas, sobre la primera loma en el cazadero, que yo misma, cuando pensaba que iba a vivir y morir en Africa, se la había señalado a Denys como  mi futuro enterramiento. Por la tarde, cuando estábamos sentados y contemplábamos las colinas desde mi casa, me dijo que a él le gustaría también que lo enterraran allí. Desde entonces, cuando íbamos en automóvil por las colinas, Denys decía:
-Vamos a ir hasta nuestras tumbas. (...)
Denys Finch-Hatton no tenía otro hogar en África que la granja. Vivía en mi casa entre safaris y allí tenía sus libros y su gramófono. Cuando él volvía a la granja, ésta se ponía a hablar; hablaba como pueden hablar las plantaciones de café, cuando con los primeros aguaceros de la estación de las lluvias florecía, chorreando humedad, una nube de tiza."


"Cuando  esperaba que Denys volviera y escuchaba su automóvil subiendo por el camino, escuchaba, al mismo tiempo, a las cosas de la granja diciendo lo que en verdad eran. Era feliz en la granja; venía solo cuando quería venir, y ella percibía en él una cualidad que el resto del mundo no conocía, humildad. Siempre hizo lo que quiso, nunca hubo engaño en su boca. (...)
Por las noches se ponía cómodo tendiendo cojines hasta formar como un sofá junto al fuego y yo me sentaba en el suelo, las piernas cruzadas como la propia Scherezade, y él escuchaba, atento, un largo cuento desde el principio hasta el fin. Llevaba mejor la cuenta que yo misma y ante la dramática aparición de uno de los personajes, me paraba para decirme:
-Ese hombre murió al principio de la historia, pero no te preocupes."

"Después de que me fuera de África, Gustav Mohr me escribió contandome una cosa muy extraña que había sucedido en la tumba de Denys, nunca había oído nada semejante. "Los masai -me escribió- han informado al Comisionado del Distrito de Ngong que muchas veces, al alba y al crepúsculo, han visto leones en la tumba de Finch-Hatton en las colinas. Un león y una leona han aparecido allí y se quedan de pie, o se echan, en la tumba durante mucho tiempo. (...)
Después de que te fuiste, el suelo que rodea la tumba fue nivelado, formando una especie de gran terraza, supongo que el lugar tan plano es un buen sitio para los leones; desde allí pueden ver toda la pradera, el ganado y la caza que hay en ella".

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