lunes, 23 de mayo de 2011

EDWARD HOPPER ( I )

Chop Suey (1929)


Los Chop Sueys eran restaurantes sin pretensiones, ubicados casi siempre en las plantas superiores de antiguas naves comerciales. En los años 20, sus comedores se convirtieron en reflejo de la moderna sociedad de Nueva York, que acudía allí atraída por su comida china rápida y económica. El cuadro resulta muy llamativo por la luz brillante del sol que entra desde la derecha de la imagen, centrando la atención sobre las dos mujeres. El contraste entre colores fríos y cálidos es muy potente: paredes cálidas, naranjas y ocres del perchero y las ventanas, a diferencia de los malvas y azules de las prendas femeninas... El cuadro posee una dimensión casi cinematográfica; casi se podría hablar de un plano general, con una enorme sensación de dinamismo.

Summer interior (1909)



Este retrato inicia una serie de cuadros acerca de figuras femeninas aisladas dentro de hoteles, habitaciones o lugares de paso. En "Interior de verano" parece habitar una historia; su personaje tiene algo que contar, y quien observa el cuadro es capaz de imaginar un argumento. Es una habitación donde se palpa el silencio, el vacío; una atmósfera opresora llena de devastación y soledad. La mujer da la sensación de estar presa, enjaulada dentro de ese interior bochornoso, cuyas ventanas sólo dejan pasar la luz a través de dos franjas que se reflejan en el suelo. El ambiente es de gran dramatismo; parece que algo terrible le ha sucedido a la mujer. Quizás ha sido abandonada, o se ha enterado de la muerte de alguien cercano... Su parcial desnudez puede sugerir que se ha sometido a un aborto, o que su amante la ha vejado y humillado... En todo caso, su postura corporal no augura nada bueno, sino más bien un derrumbamiento moral.


Automat (1927)
Los Automats eran restaurantes de comida rápida que servían bebidas y platos sencillos a través de máquinas expendedoras de monedas o billetes (originalmente, las máquinas sólo funcionaban con monedas). El primer restaurante "automático" de Estados Unidos se inauguró en Filadelfia en 1902, y el primero en Nueva York, en 1912. A partir de ese momento, se convirtieron en una parte fundamental de la cultura popular de las grandes ciudades. Se trataba de "waiterless restaurants", lugares donde la ausencia de camareros suponía un signo más de la soledad e incomunicación de las grandes urbes, y donde la comida servida por máquinas instaura una nueva señal de despersonalización típica de las sociedades masificadas.

Habitación de hotel (1931)




El escritor John Updike dedicó un poema a este cuadro de Hopper, comparándolo con una obra del pintor holandés Vermeer:



"En combinación, los ojos bajos,
la heroína de esta habitación contempla
una carta abierta sobre sus rodillas desnudas.
Sus ojos y su cara permanecen en la sombra.
El día se extingue en el exterior, vibrante
de una circulación invisible.
En esta habitación, con sus maletas que,
cerca de un sillón de felpa verde de los años 30,
descolorido por el sol, esperan, lastimeras,
ser deshechas,
ya estuvimos antes, antes incluso que la luz
oblicua.
Por algún misterioso testigo
estamos aquí, invitados a respirar
junto a esa mujer sola
que los planos enmarcan sólidamente;
la carta, la joven cosiendo...
así es como Hopper nos dice:
yo soy Vermeer.





Cine en Nueva York (1939)




Se está proyectando una película en un cine elegante: terciopelo escarlata, hermosas lámparas... En un aparte, la acomodadora permanece absorta, aislada de todo, con la luz proyectada sobre ella, como si se tratara del personaje real de la película. ¿Qué secreto guarda? ¿Qué está pensando? Parece cansada, harta de su trabajo; quizá sea sábado por la noche y esté deseando que acabe la sesión para encontrarse con su nueva cita. Hay un misterio que nos intriga; una escena de película que se desarrolla mientras se está proyectando la otra película. Se mezcla la realidad y la ficción.

sábado, 21 de mayo de 2011

EDWARD HOPPER ( II )

Summertime (1943)

Cape Cod morning (1950)

Morning sun (1952)

Cuadros de mujeres solitarias en habitaciones de hotel, maletas sin deshacer, cafés nocturnos que reflejan la soledad y lo efímero... De fondo, historias rotas, desfragmentación, habitaciones vacías que abren sus puertas al mar.

Western motel (1957)

Siempre ventanas, ventanas grandes para contemplar a través de ellas la vida de los otros. Mientras tanto, la quietud de las figuras femeninas las mantiene inmersas en un profundo estatismo. El vacío infinito de esos espacios y el aislamiento de moteles remotos transmiten una sensación de inmensa soledad.

A woman in the sun (1961)

Hopper, austero, introspectivo, posee una obra pictórica que puede relacionarse con otras artes. Por ejemplo, en fotografía encuentra una prolongación en Joel Meyerowitz, que retrata bares, estaciones y gasolineras de Estados Unidos con la misma perspectiva de modernidad.
Respecto a la literatura, la América de Edward Hopper es la que retratan Steinbeck, Capote o Dos Passos. No se trata de una América idealizada. También Raymond Carver, en sus relatos, se parece a Hopper. Los cuentos de Carver parecen la continuación de un cuadro del pintor, con su serie de moteles, paisajes, gasolineras, neones...
En cine, David Lynch se asemeja a Hopper. Sobre todo en el tratamiento del color (Mulholland Drive y Twin Peaks)
En arquitectura es, de alguna manera, similar a Le Corbusier: un combate entre lo racional y lo misterioso.

martes, 10 de mayo de 2011

"Incitación" de Ana Rossetti


INCITACIÓN

Escapémonos, huyamos a los cómplices
días de la niñez. Perdámonos inermes
por los intensos vértigos de la piel insabida.
Confundidos, al no encontrar los nombres
para tanto esplendor, inventaremos fórmulas
de un idioma secreto: como antes.
Extraviémonos por la gran pesadilla
de la noche. En los negros pasillos
del horror insistamos hasta que el fiel desmayo
-dobladas las rodillas- nos socorra.
Ven. Miremos por toda bocallave
que encierre algo prohibido,
gravemente matemos mariposas vidriadas,
pisoteemos seda, desgarremos la gasa
que nubla las magnolias,
y la desobediencia sea privilegio nuestro.


ANA ROSSETTI


Cuadro: Afternoon tea. Pintor: John Everett Millais

sábado, 23 de abril de 2011

Poema de Carmen Gómez Ojea

ENCENDED VELAS

El verde sínople que conocimos,
las nubes nómadas,
la cántiga de amor del mar,
las piedras, el sol del cementerio,
la plata de baba de caracol
en la tapia del paraíso,
el agua de los charcos de abril pascual
me dan ganas de arrodillarme,
de llorar,
pedir perdón
a las que entonces no podían ver más que un camino oscuro,
un cielo quieto, sin pájaros ni cirros,
un mar muerto, rocas peladas,
hipogeos sin luz,
tierra seca
y la seda cruenta de las banderas airadas de la paz.
Al anochecer, cuando bajéis las persianas
o debáis pulsar los interruptores de la luz,
en esa hora de penumbra
en que las camas se abren como flores,
en ese momento extraño de silencio y cantos de madera

que es para las mujeres algo así

como perdonarse arrugas y encontrarse bellas

en el espejo del pasillo asaltado por la noche,

encended velas,

quemad cirios,

y veréis hermanas, ojos, pupilas, miradas

de cuantas nos abrieron caminos a este mundo,

de las que fueron barqueras

que en sus lanchas nos llevaron

a la orilla de esta playa,

y entenderéis con emoción y orgullo

la historia de coraje y de renuncias,

valentía, dudas,

dolor, gozo

que seguimos tejiendo quienes no esperamos

el regreso salvador de los Ulises.

Carmen Gómez Ojea



Carmen Gómez Ojea (Gijón, 1945), ha obtenido prestigiosos premios literarios, como el Nadal por Cantiga de agüero (1982), el Tigre Juan de novela por Otras mujeres y Fabia (1981), el Carmen Conde de poesía por En la penumbra de Cuaresma (1993), y muchos otros... Casada y madre de seis hijos, Carmen escribe desde que era una niña, y lo hace con la pasión y la fuerza de una letraherida marcada por el amor incondicional a las palabras. Autora de poesía, novela, narrativa infantil y juvenil, relatos, artículos de opinión..., es colaboradora habitual del periódico La Nueva España. El poema anterior forma parte del libro Apostasías, publicado en formato digital en Bubok.com.


martes, 12 de abril de 2011

EL BAILE


Encalada espuma,
alta cumbre rizada

que se derrama en un grito del baile,

en acordes que huelen a vértigo,

a éxtasis de manos,

brazos, caderas

que desnudan las voces

hasta el desgarro.


Majestuosos,

los cuerpos se yerguen,

caracolean,

construyen arabescos,

cascadas luminosas

de belleza sin tacha...


La noche, de múltiples labios,

devora cada gesto

con avidez de amante,

moviéndose a destajo

hasta el paso más álgido,

hasta esa cadencia

que desafía a la muerte:

el vacío final ignorado

en un desprecio insólito...


Carmen Cabeza

martes, 5 de abril de 2011

CIUDAD

Foto: Laura Rivera


Desde tu cuerpo,


nieve enclaustrada

en agitar loco de zapatos

que devoran kilómetros

y cigarrillos

mientras bebes

leche envenenada

en las ubres enfermas

de esta ciudad,

y un tedio insoportable

ahuyenta tus sueños

y te destroza,

rasgándote a pedazos,

como lobos

hambrientos

que te acechan...



Carmen Cabeza

miércoles, 30 de marzo de 2011

Carnalidad

La carta (1976) de Fernando Botero





"Lo que más atraía a Kurt era, precisamente, lo que ella tanto se empeñaba en disimular. Debajo de una figura madura y bien torneada por atuendo y lencería, se debatían formas que, liberadas las sujeciones, escapaban a todo control: grandes y largos pechos todavía consistentes, que iban cada uno por su lado, amenazando llevarla tras ellos en la inercia de un bamboleo, tres o cuatro cinturas, sobrenadando el vientre tan pronto se sentaba, en las nalgas una morfología que nunca estaba quieta, una querencia de cornisa cayendo de las axilas a la cintura...
Mujer fumando de Fernando Botero



Pero era BELLA, el rostro preservaba todos sus equilibrios, y esa cierta desazón que mostraba hacia su cuerpo, como si estuviera pendiente en todo instante por aquello que se escapaba de ella, y a veces pareciera a punto de correr detrás, no hacía sino añadir interés. Y esto, aún antes de explorar los mil pliegues posibles, los hilos de humedad que se formaban, la potencia de un jadeo sobre anatomía tan inestable, la plenitud del descontrol en un cuerpo insumiso. Cuerpo de geometría variable, solía decir Kurt."



KURT K.






El texto anterior, titulado "Formas de ver las cosas", conforma un capítulo del libro Kurt, que ganó el XX Premio La sonrisa vertical de literatura erótica en febrero de 1998. Su autor, el asturiano Pedro de Silva, nacido en Gijón en 1945, es autor de varios libros de poesía, una obra de teatro, ensayos y las novelas siguientes: Proyecto Venus Letal (Júcar, 1989), Dona y Deva ( Alfaguara, 1995)... También colabora regularmente en el periódico La Nueva España y otras publicaciones.