domingo, 3 de marzo de 2013

Como agua para chocolate


 CODORNICES EN PÉTALOS DE ROSA

Se desprenden con mucho cuidado los pétalos de las rosas, procurando no pincharse los dedos, pues los pétalos pueden quedar impregnados de sangre y esto puede provocar reacciones químicas, por demás peligrosas.
Ya que se tienen los pétalos deshojados, se muelen en el molcajete junto con el anís. Por separado, las castañas se ponen a dorar en el comal, se descascaran y se cuecen en agua. Después, se hacen puré. Los ajos se pican finamente y se doran en la mantequilla; cuando están acitronados, se les agregan el puré de castañas, la miel, la pithaya molida, los pétalos de rosa y sal al gusto. Por último, se pasa por un tamiz y se le agregan sólo dos gotas de esencia de rosas. Las codornices se ponen en un platón, se les vacía la salsa por encima y se decoran con una rosa completa en el centro y pétalos a los lados.

La fusión de la sangre de Tita con los pétalos de las rosas que Pedro le había regalado resultó ser de lo más explosiva.(...)
A Gertrudis algo raro le pasó. Parecía que el alimento que estaba ingiriendo producía en ella un efecto afrodisíaco, pues empezó a sentir que un intenso calor le invadía las piernas. Un cosquilleo en el centro de su cuerpo no la dejaba estar correctamente sentada en su silla. Empezó a sudar y a imaginar qué se sentiría al ir sentada a lomo de un caballo, abrazada por un villista, uno de esos que había visto una semana antes entrando a la plaza del pueblo, oliendo a sudor, a tierra, a amaneceres de peligro e incertidumbre, a vida y a muerte. (...)
Lo único que la animaba era la ilusión del refrescante baño que la esperaba, pero las gotas que caían de la regadera no alcanzaban a tocarle el cuerpo: se evaporaban antes de rozarla siquiera. Ante el pánico de morir abrasada por las llamas salió corriendo, así como estaba, completamente desnuda.
Para entonces el olor a rosas que su cuerpo despedía había llegado muy, muy lejos. Hasta las afueras del pueblo, en donde revolucionarios y federales libraban una cruel batalla. Entre ellos sobresalía por su valor el villista ese, el que había entrado una semana antes a Piedras Negras y se había cruzado con ella en la plaza.
Una nube rosada llegó hasta él, lo envolvió y provocó que saliera a todo galope hacia el rancho de Mamá Elena. Lo guiaba el olor del cuerpo de Gertrudis. Llegó justo a tiempo para descubrirla corriendo en medio del campo. Entonces supo para qué había llegado hasta allí. Esta mujer necesitaba imperiosamente que un hombre le apagara el fuego abrasador que nacía en sus entrañas.
Un hombre igual de necesitado de amor que ella, un hombre como él.

LAURA ESQUIVEL (extracto de la novela:  Como agua para chocolate)

jueves, 14 de febrero de 2013

Poema de A. Pizarnik


CUARTO SOLO

Si te atreves a sorprender
la verdad de esta vieja pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros, esfinges,
manos, clepsidras,
seguramente vendrá
una presencia para tu sed,
probablemente partirá
esta ausencia que te bebe.

Alejandra Pizarnik

martes, 29 de enero de 2013

Meditaciones en el umbral


(Poema de ROSARIO CASTELLANOS)

No, no es la solución
tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoi
ni apurar el arsénico de Madame Bovary
ni aguardar en los páramos de Ávila la visita
del ángel con venablo
antes de liarse el manto a la cabeza
y comenzar a actuar.
Ni concluir las leyes geométricas contando
las vigas de la celda de castigo,
como lo hizo Sor Juana. No es la solución
escribir, mientras llegan las visitas,
en la sala de estar de la familia Austen
ni encerrarse en el ático
de alguna residencia de Nueva Inglaterra
y soñar, con la biblia de los Dickinson
debajo de una almohada de soltera.
Debe haber otro modo que no se llame Safo
ni Mesalina ni María Egipciaca
ni Magdalena ni Clemencia Isaura.
Otro modo de ser humano y libre.
Otro modo de ser.


ROSARIO CASTELLANOS (México DF, 1925 - Tel Aviv, Israel, 1974)
 (del libro Meditaciones en el umbral)
Imagen: Madame Rimsky Korsakov, de Winterhalter

lunes, 17 de diciembre de 2012

Macorina

Veinte años y entre palmeras.
Los cuerpos, como banderas.
Noche. Guateque. Danzón.
La orquesta marcaba un son
de selva ardiente y caprina.
El cielo, un gran frenesí;
"Pon,
ponme la mano aquí,
Macorina"
(... ...)
Tu acento, suave y dulzón,
sinsonte que en la mañana
todo su canto desgrana.
Cocuyos hechos canción,
tus ojos de calentura;
tu sangre, notas de un son;
tu boca, una bendición
de guanábana madura;
tus senos, carne de anón,
¡y era tu fina cintura
la misma de aquel danzón!
Vaho de caña y maní:
"Pon,
ponme la mano aquí,
Macorina"

Olor a verde limón,
a naranja mandarina.
Dulces, aguardiente y ron.
Después, el amanecer
que de mis brazos te lleva
¡y yo, sin saber qué hacer
de aquel olor a mujer,
a mango y a caña nueva,
con que me llenaste al son
caliente de aquel danzón...!
(...  ...)
"Pon,
ponme la mano aquí,
Macorina."

(Extracto del poema Macorina, de Alfonso Camín)
(Imagen: Cabeza de negra (1946) de Maruja Mallo)
Alfonso Camín escribió Macorina en 1931. Muchas personas ignoran que el autor asturiano fue el  creador del poema que después daría lugar a una canción popularizada principalmente por Chavela Vargas, pero versioneada por un gran número de cantantes hispanoamericanos, a ritmo de son, salsa, bolero, danzón..., y en las voces de Abelardo Barroso, Susana Baca, Violeta Parra, Cristina Rebull , la Yerbabuena, Raphael y muchos más. La obra poética de Camín muestra un dominio maestro del ritmo, lo cual permite musicalizar sus composiciones bajo diversos géneros y formas musicales, desde la tonada asturiana hasta la música criolla, la habanera, la guajira, la copla, el corrido, la marimba...
En el primer retrato, Alfonso Camín aparece con chambergo, capa española, bastón y puro en la boca, en una pose característica de su época bohemia, cuando en el Madrid anterior a la guerra civil acudía a las tertulias del café de Fornos, el Negresco, el Gato Negro o el Regina para debatir las noticias literarias y políticas del momento, junto a Valle-Inclán, de la Serna, Benavente y Jardiel Poncela, entre otros.
En la fotografía, Camín, con sombrero de ala oscura, mira a la cámara desprevenido, ya de vuelta del "exilio", en una fecha inconcreta que podría ir desde 1967, año en que regresa definitivamente a España, hasta 1982, cuando murió en Gijón, la ciudad donde había nacido en 1890.
Alfonso Camín publicó 87 libros entre 1913 y 1970. Estos libros abarcan la poesía, la novela, el cuento, el ensayo, el teatro y el artículo periodístico. Toda su obra inédita se encuentra en los fondos reservados de la Biblioteca de el Fontán, en Oviedo, como parte del legado del escritor, pero aparte de unos cuantos ejemplares de novelas reeditadas, como Entre manzanos Rosa del Natahoyo  y de alguna  Antología poética, el resto de su producción literaria permanece en el olvido. Una muestra candente de negligencia y dejadez. Un caso más de  injusticia literaria por parte de la cultura oficial.

martes, 27 de noviembre de 2012

Mar de violetas


Era otro cielo el que dormía
sobre mi manto de tierra.
Otro cielo
el que deseaba las flores
que había destrozado con mi boca.
Un cielo norte,
de horizonte blanco y nubes negras
sobre un mar ajeno de violetas.
Era otro cielo el que miraba
mi proyección sombría
y salpicaba, con su espuma,
los abrojos de mi sangre seca...

Carmen Cabeza Martínez

Cuadro de John Atkinson Grimshaw

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Edward Hopper en Madrid


Ignorado durante mucho tiempo por el público y la crítica, Edward Hopper (1882- 1967), tuvo que cumplir los cuarenta años para convertirse en uno de los artistas más reconocidos de los Estados Unidos. La exposición de unos setenta cuadros del pintor en el museo Thyssen  de Madrid el pasado verano incluía los que aquí se muestran.
El de arriba, titulado Morning Sun, fue pintado en 1952. Muestra una mujer mirando por la ventana. Hopper parece conferir a la luz una dimensión espiritual. Los hombres y mujeres enmarcados por la luz solar comparten una misma actitud de espera y  recogimiento. En este caso, el cuadro adquiere un tono de melancolía, haciendo que la luz se convierta en la luz fría de un foco de quirófano. Por su implacable geometría, la luz solar es ahora el engaño de una promesa que no se va a cumplir, la trampa de una plenitud inalcanzable.

The Martha Mckeen of Wellfleet (1944). En 1910, Hopper raeliza su último viaje a Europa. Cuando regresa a USA, visita la costa de Maine, los pueblos cercanos a Gloucester, ciudad portuaria que, en los años veinte, se había convertido en una colonia estival de artistas. La intensidad de la luz de Nueva Inglaterra ya había asombrado años antes al escritor Henry James. Hopper compra una casa cerca de allí y él y su mujer, Jo, pasarán los veranos en la costa. Este cuadro constituye un homenaje a los amigos con los que el pintor navegó ocasionalmente durante años.

En Apartment Houses (1923) aparece un ejemplo de esa realidad fragmentada que tan afecta le resultaba al pintor. Hopper nos introduce en una historia cotidiana, una escena más de la instantaneidad del everyday way of life. Contemplamos a la mujer que limpia los apartamentos desde una ventana, pero el punto de vista del cuadro nos obliga a reflexionar sobre la escena, nos ofrece un ángulo inquietante, porque hay demasiadas ventanas abiertas, como ojos que observan y nos observan. ¿Qué miramos? ¿Qué vemos? Se dice que Hopper es el pintor de la soledad de las personas en la vida urbana moderna, del aislamiento y la incomunicación. El juego exterior-interior repetido en sus obras permitiría pensar en un sentido simbólico: un interior claustrofóbico y un exterior de libertad más allá de las posibilidades de los protagonistas...

Groundswell  (Brisa de tierra)  (1939) es otro cuadro que recuerda las estancias del pintor en Cape Cod y los paisajes de la costa de Nueva Inglaterra.
En Gas (1940) de nuevo vemos a una persona que espera. Espera quizá que llegue un visitante o un viajero. Espera que llegue un automóvil para echar gasolina, y en el curso de esa espera, la persona aparece aislada, minimizada, casi una sombra que desaparece visualmente tras los postes rojos de la gasolinera. El interés de Hopper por lo transitorio hace que en sus cuadros se repitan escenas de trenes, estaciones, caminos, gasolineras, lugares de espera, trasbordos, desplazamientos, instantes efímeros que se suceden entre viaje y viaje. La vida es un recorrido que se perpetúa en el tiempo, y esa especie de deambular infinito es plasmado en los cuadros de Hopper a través de una serie de instantes transitorios. 

El teatro Sheridan (1937)

Los cines y los teatros tienen una presencia singular en la pintura de Edward Hopper desde finales de los años treinta. Esto responde a una visión del mundo que subraya su ironía teatral: en los pequeños teatros neoyorquinos se representa el drama silencioso de las existencias comunes. En este tipo de cuadros los espectadores aparecen aislados, en ningún caso prentan atención al escenario; las acomodadoras ofrecen un aspecto cansado y silencioso... En estas pinturas Hopper pone en escena la mitología, los decorados de una norteamérica de ensueño, para exponer mejor el carácter teatral de un mundo que carece de verdadera vida y profundidad.

domingo, 28 de octubre de 2012

Mis canciones: What a difference a day made...

(Para escuchar esta canción tienes que bajar, por la columna de la derecha, hasta llegar a "Música" y anular el sonido de fondo haciendo click en STOP. Después subes de nuevo a este post y haces click aquí abajo, en PLAY)