martes, 29 de enero de 2013

Meditaciones en el umbral


(Poema de ROSARIO CASTELLANOS)

No, no es la solución
tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoi
ni apurar el arsénico de Madame Bovary
ni aguardar en los páramos de Ávila la visita
del ángel con venablo
antes de liarse el manto a la cabeza
y comenzar a actuar.
Ni concluir las leyes geométricas contando
las vigas de la celda de castigo,
como lo hizo Sor Juana. No es la solución
escribir, mientras llegan las visitas,
en la sala de estar de la familia Austen
ni encerrarse en el ático
de alguna residencia de Nueva Inglaterra
y soñar, con la biblia de los Dickinson
debajo de una almohada de soltera.
Debe haber otro modo que no se llame Safo
ni Mesalina ni María Egipciaca
ni Magdalena ni Clemencia Isaura.
Otro modo de ser humano y libre.
Otro modo de ser.


ROSARIO CASTELLANOS (México DF, 1925 - Tel Aviv, Israel, 1974)
 (del libro Meditaciones en el umbral)
Imagen: Madame Rimsky Korsakov, de Winterhalter

lunes, 17 de diciembre de 2012

Macorina

Veinte años y entre palmeras.
Los cuerpos, como banderas.
Noche. Guateque. Danzón.
La orquesta marcaba un son
de selva ardiente y caprina.
El cielo, un gran frenesí;
"Pon,
ponme la mano aquí,
Macorina"
(... ...)
Tu acento, suave y dulzón,
sinsonte que en la mañana
todo su canto desgrana.
Cocuyos hechos canción,
tus ojos de calentura;
tu sangre, notas de un son;
tu boca, una bendición
de guanábana madura;
tus senos, carne de anón,
¡y era tu fina cintura
la misma de aquel danzón!
Vaho de caña y maní:
"Pon,
ponme la mano aquí,
Macorina"

Olor a verde limón,
a naranja mandarina.
Dulces, aguardiente y ron.
Después, el amanecer
que de mis brazos te lleva
¡y yo, sin saber qué hacer
de aquel olor a mujer,
a mango y a caña nueva,
con que me llenaste al son
caliente de aquel danzón...!
(...  ...)
"Pon,
ponme la mano aquí,
Macorina."

(Extracto del poema Macorina, de Alfonso Camín)
(Imagen: Cabeza de negra (1946) de Maruja Mallo)
Alfonso Camín escribió Macorina en 1931. Muchas personas ignoran que el autor asturiano fue el  creador del poema que después daría lugar a una canción popularizada principalmente por Chavela Vargas, pero versioneada por un gran número de cantantes hispanoamericanos, a ritmo de son, salsa, bolero, danzón..., y en las voces de Abelardo Barroso, Susana Baca, Violeta Parra, Cristina Rebull , la Yerbabuena, Raphael y muchos más. La obra poética de Camín muestra un dominio maestro del ritmo, lo cual permite musicalizar sus composiciones bajo diversos géneros y formas musicales, desde la tonada asturiana hasta la música criolla, la habanera, la guajira, la copla, el corrido, la marimba...
En el primer retrato, Alfonso Camín aparece con chambergo, capa española, bastón y puro en la boca, en una pose característica de su época bohemia, cuando en el Madrid anterior a la guerra civil acudía a las tertulias del café de Fornos, el Negresco, el Gato Negro o el Regina para debatir las noticias literarias y políticas del momento, junto a Valle-Inclán, de la Serna, Benavente y Jardiel Poncela, entre otros.
En la fotografía, Camín, con sombrero de ala oscura, mira a la cámara desprevenido, ya de vuelta del "exilio", en una fecha inconcreta que podría ir desde 1967, año en que regresa definitivamente a España, hasta 1982, cuando murió en Gijón, la ciudad donde había nacido en 1890.
Alfonso Camín publicó 87 libros entre 1913 y 1970. Estos libros abarcan la poesía, la novela, el cuento, el ensayo, el teatro y el artículo periodístico. Toda su obra inédita se encuentra en los fondos reservados de la Biblioteca de el Fontán, en Oviedo, como parte del legado del escritor, pero aparte de unos cuantos ejemplares de novelas reeditadas, como Entre manzanos Rosa del Natahoyo  y de alguna  Antología poética, el resto de su producción literaria permanece en el olvido. Una muestra candente de negligencia y dejadez. Un caso más de  injusticia literaria por parte de la cultura oficial.

martes, 27 de noviembre de 2012

Mar de violetas


Era otro cielo el que dormía
sobre mi manto de tierra.
Otro cielo
el que deseaba las flores
que había destrozado con mi boca.
Un cielo norte,
de horizonte blanco y nubes negras
sobre un mar ajeno de violetas.
Era otro cielo el que miraba
mi proyección sombría
y salpicaba, con su espuma,
los abrojos de mi sangre seca...

Carmen Cabeza Martínez

Cuadro de John Atkinson Grimshaw

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Edward Hopper en Madrid


Ignorado durante mucho tiempo por el público y la crítica, Edward Hopper (1882- 1967), tuvo que cumplir los cuarenta años para convertirse en uno de los artistas más reconocidos de los Estados Unidos. La exposición de unos setenta cuadros del pintor en el museo Thyssen  de Madrid el pasado verano incluía los que aquí se muestran.
El de arriba, titulado Morning Sun, fue pintado en 1952. Muestra una mujer mirando por la ventana. Hopper parece conferir a la luz una dimensión espiritual. Los hombres y mujeres enmarcados por la luz solar comparten una misma actitud de espera y  recogimiento. En este caso, el cuadro adquiere un tono de melancolía, haciendo que la luz se convierta en la luz fría de un foco de quirófano. Por su implacable geometría, la luz solar es ahora el engaño de una promesa que no se va a cumplir, la trampa de una plenitud inalcanzable.

The Martha Mckeen of Wellfleet (1944). En 1910, Hopper raeliza su último viaje a Europa. Cuando regresa a USA, visita la costa de Maine, los pueblos cercanos a Gloucester, ciudad portuaria que, en los años veinte, se había convertido en una colonia estival de artistas. La intensidad de la luz de Nueva Inglaterra ya había asombrado años antes al escritor Henry James. Hopper compra una casa cerca de allí y él y su mujer, Jo, pasarán los veranos en la costa. Este cuadro constituye un homenaje a los amigos con los que el pintor navegó ocasionalmente durante años.

En Apartment Houses (1923) aparece un ejemplo de esa realidad fragmentada que tan afecta le resultaba al pintor. Hopper nos introduce en una historia cotidiana, una escena más de la instantaneidad del everyday way of life. Contemplamos a la mujer que limpia los apartamentos desde una ventana, pero el punto de vista del cuadro nos obliga a reflexionar sobre la escena, nos ofrece un ángulo inquietante, porque hay demasiadas ventanas abiertas, como ojos que observan y nos observan. ¿Qué miramos? ¿Qué vemos? Se dice que Hopper es el pintor de la soledad de las personas en la vida urbana moderna, del aislamiento y la incomunicación. El juego exterior-interior repetido en sus obras permitiría pensar en un sentido simbólico: un interior claustrofóbico y un exterior de libertad más allá de las posibilidades de los protagonistas...

Groundswell  (Brisa de tierra)  (1939) es otro cuadro que recuerda las estancias del pintor en Cape Cod y los paisajes de la costa de Nueva Inglaterra.
En Gas (1940) de nuevo vemos a una persona que espera. Espera quizá que llegue un visitante o un viajero. Espera que llegue un automóvil para echar gasolina, y en el curso de esa espera, la persona aparece aislada, minimizada, casi una sombra que desaparece visualmente tras los postes rojos de la gasolinera. El interés de Hopper por lo transitorio hace que en sus cuadros se repitan escenas de trenes, estaciones, caminos, gasolineras, lugares de espera, trasbordos, desplazamientos, instantes efímeros que se suceden entre viaje y viaje. La vida es un recorrido que se perpetúa en el tiempo, y esa especie de deambular infinito es plasmado en los cuadros de Hopper a través de una serie de instantes transitorios. 

El teatro Sheridan (1937)

Los cines y los teatros tienen una presencia singular en la pintura de Edward Hopper desde finales de los años treinta. Esto responde a una visión del mundo que subraya su ironía teatral: en los pequeños teatros neoyorquinos se representa el drama silencioso de las existencias comunes. En este tipo de cuadros los espectadores aparecen aislados, en ningún caso prentan atención al escenario; las acomodadoras ofrecen un aspecto cansado y silencioso... En estas pinturas Hopper pone en escena la mitología, los decorados de una norteamérica de ensueño, para exponer mejor el carácter teatral de un mundo que carece de verdadera vida y profundidad.

domingo, 28 de octubre de 2012

Mis canciones: What a difference a day made...

(Para escuchar esta canción tienes que bajar, por la columna de la derecha, hasta llegar a "Música" y anular el sonido de fondo haciendo click en STOP. Después subes de nuevo a este post y haces click aquí abajo, en PLAY)

miércoles, 17 de octubre de 2012

ALMA TADEMA


 Este cuadro, titulado Expectations (esperanzas), fue realizado en 1885 según un esquema habitual que el autor había iniciado hacía casi dos décadas: terrazas de mármol en primer término sobre mares y cielos azules, ambiente refinado, figura femenina con ropajes clásicos... Una historia inacabada, un episodio con desenlace desconocido, una evocación de civilizaciones pretéritas, rasgos todos ellos que caracterizan la obra del pintor holandés.

 Tadema pintó este lienzo en 1868. Mujer oliendo flores pertenece a la época en la que el pintor inicia una larga serie de obras que recrean la antigüedad grecolatina. La pared del fondo, de un rojo pompeyano, parece hacer referencia a esa ciudad, que había sido visitada por el artista en 1863, durante su luna de miel, coincidiendo con las recientes excavaciones que habían dejado al descubierto las ruinas de Pompeya y Herculano. De nuevo presenciamos la captación de un instante, de un gesto que pertenece a la intimidad de lo cotidiano, con la figura femenina como protagonista.
 El cuadro que lleva por título Una posición ventajosa (A coign of vantage) fue pintado en el año 1895. En el lienzo, tres muchachas romanas se encuentran en una terraza situada en lo alto de un acantilado. Desde su posición, obtienen una inmejorable vista del mar y  las galeras que regresan a puerto, donde presumiblemente vuelven sus enamorados. Una de las mujeres está arrodillada sobre el mármol para fijarse especialmente en los barcos, quizá buscando a su amante entre ellos. Toda la escena está impregnada de una luz cálida y brillante, en un lugar que podría tratarse del golfo de Nápoles, tal vez de un promontorio en la isla de Capri, donde el emperador Tiberio había construido su residencia de descanso, Villa Jovis. Los velos y las túnicas están retratados hasta en su mínimo detalle, con los piegues del peplum perfectamente delineados sobre el fondo diáfano del mármol y el azul del mar.
 En el tepidarium (1881) es el retrato de una joven patricia descansando en las termas romanas, antes o después del baño. Con una mezcla de indolencia y sensualidad, la muchacha sostiene en una mano una larga pluma de ave que tapa su sexo, mientras en la otra sostiene una espátula o estrígil, instrumento que servía para repartir el aceite por el cuerpo, presumiblemente antes de recibir un masaje. El tepidarium era la zona tibia de los baños romanos, algo parecido a una sala de relajación. Toda la escena está llena de sugerencia y erotismo, sobre todo en la actitud de languidez y abandono de la mujer, que representa el ideal de la belleza clásica.
Ask me no more (1906) está inspirado en el poema The Princess: a Medley, escrito por el poeta victoriano Lord Alfred Tennyson. El significado de la frase "No me preguntes más", que parece haber sido pronunciada por la joven del cuadro, resulta confusa, ya que podría significar tanto la aceptación  como el rechazo de los favores que el pretendiente ofrece a la muchacha. Los dos amantes se han citado en un lugar maravilloso, con el Mediterráneo al fondo, escenario cliché que se repite varias veces en la obra del pintor.

Lourens Tadema nació en Holanda en 1836. Estudió arte en la Academia de Amberes, donde surge su fascinación por la pintura romántica y la historia medieval, especialmente la merovingia. Contrae matrimonio en el año 1863 y pasa la luna de miel en Italia, donde queda impresionado por su visita a las excavaciones de Pompeya. Desde entonces va a pintar escenas de la Antigüedad, tanto del antiguo Egipto como de la Roma y la Grecia clásicas. Tras vivir unos años en París, se establece en Londres, donde Lourens Tadema cambia su nombre por Lawrence e incorpora Alma, el nombre de su padrino, a su apellido De estilo difícilmente clasificable, Alma Tadema es, a la vez, prerrafaelista, academicista, post-romántico, decadentista y neoclásico. Su obra tiene concomitancias con la de artistas ingleses como Waterhouse, Leighton o Rossetti, todos ellos pertenecientes a la pintura inglesa de finales del siglo XIX. De hecho, Alma Tadema adquirió la nacionalidad británica y se convirtió en un pintor victoriano. Olvidado durante décadas en una época en que las vanguardias y los istmos hacían furor en Europa, su obra ha recibido un nuevo interés por parte del público a partir de los años setenta del pasado siglo. Sus lienzos, escapistas, sin duda, nos trasladan a un pasado hedonista, lleno de luz y sensualidad, y constituyen un verdadero goce para los sentidos.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Poema de G. Belli

(...)
No hay nadie aquí. Está mi cuerpo solo

mientras yo estoy con ellas:

las mujeres sin habla.
Esas que mis dedos escuchan,

esas que entran de noche

con aliento de luna.

Mujeres de los siglos

me habitan:

Isadora bailando con la túnica.

Virginia Woolf en su cuarto propio.

Safo lanzándose desde la roca.

Medea. Fedra. Jane Eyre

y mis amigas,

espantando la decrepitud del tiempo,

escribiéndose a sí mismas (...)




Mujeres danzan a la luz de mi lámpara.


Se suben a las mesas.

Dicen discursos incendiarios.

Me sitian con los sufrimientos.

Las marcas del cuerpo.

El alumbramiento de los hijos.

El silencio de las olorosas cocinas.

Los efímeros, tensos, dormitorios.

Mujeres enormes. Monumentos me circundan.

Dicen sus poemas. Cantan. Bailan.

Recuperan la voz. (...)


(Poema: fragmento de Contradiccciones, de Gioconda Belli)
(Foto: On reading, de André Kertész)
(Fotograma de la película "Esplendor en la hierba", de Elia Kazan)