
La luna me hiere y me sonríe
desde los lechos blancos.
Me está matando y sonriendo
vistiéndome con rayos
de luz fría y azulada.
Junto al sordo latir de la crisálida,
la luna me hiere y me sonríe
desde su esfera blanca...
Está brillando en el espejo,
como un cuchillo,
y la siento,
en su naufragio,
clavarme puñales de azahar...
Sobre la piel desnuda de la noche,
sobre el aullido mágico del viento,
la luna me mata y me sonríe
pariendo con torrentes de azucena...
Carmen Cabeza Martínez
Es verdad, haga lo que haga, la luna siemrpe sonríe. Con cara de buena.
ResponderEliminarMe ha gustado la visita.
¡Volveré!
Gracias, María. Me ha gustado mucho tu comentario. Es cierto; la luna te mata con carita de "yo no fui...", y después se queda tan ancha. Y, encima, va y te sonríe. En fin...
ResponderEliminarVuelve cuando quieras. Un beso.
Esa luna bruja que mata y enamora. Será el espejo de nuestras dualidades. A pesar de todo (o con todo), es tan seductora!!!
ResponderEliminarBesitos, amiga
Seductora, sí, pero con la luna llena las plantas psiquiátricas se colapsan y los enfermos sufren recaídas. Eso sí, nos fascina, nos enamora... ¿Estaremos tod@s bastante loc@s?
ResponderEliminarBueno, yo la primera... Besos...