jueves, 23 de junio de 2016

LA ESPERA



"A  Jaime, aquel enamorado de inagotable paciencia que esperó toda una vida por Marlene"


Jaime, perdido, sufre la tormenta de las horas bajo sombras de hojalata, asfalto por zapatos, bolsas de basura gris, y la noche, como un guante de cuero que se traga coches, semáforos y gráciles sirenas que pasean medias de cristal, le besa en la nuca.

Jaime, desesperado, espera a Marlene bajo la lluvia, verde como su boca, roja como el beso de Marlene, ámbar  como los ojos del recuerdo, y el agua es tan espesa que se convierte en un mar de expectación, y el tiempo es tan grande, se ha ensanchado tanto, que se impregna de un olvido tenue y oxidado como las tuberías de esta ciudad. Y, así, sin darse cuenta, han ido pasando las horas y Jaime ha esperado tanto tiempo a su amada que los ojos se le han llenado de canas, y las sienes de surcos profundos e indeseables, y hasta el semáforo rojo ha sido arrastado por la dilatada espera  que no ha tenido fruto ni sentido.

Ahora, el cielo se tiñe de azafrán y violeta y pasea la sombra de las lágrimas, mientras, viejo ya, sin esperanzas, Jaime continúa esperando a Marlene bajo la lluvia...

Carmen Cabeza


martes, 7 de junio de 2016

MARILYN


Bourbon y Nembutal para la diosa,
 fragilidad escondida
tras unas cuantas gotas de Chanel.
Marilyn perdida
en la soledad de los pianos blancos,
insomnio mezclado con Veronal
y lápiz de labios.
Un teléfono rojo
mordería sus pecas esa noche
-aquella fue la última-
antes que el frío 
inundase para siempre
el ancho espacio rubio de sus venas.

Carmen Cabeza

sábado, 28 de mayo de 2016

MAYO




Mayo ha muerto
en el cristal de las rosas núbiles,
falto de azul celeste
y noches de piano con Chopin,
nocturnos de anémonas sin luna
y orquídeas desnatadas
que agonizan en mayo,
como el desierto
como el amante
como la nieve
turbia del viento
de mayo...


Texto: Carmen Cabeza
Imagen: Carlos Becerra

viernes, 13 de mayo de 2016

Soneto de Miguel Hernández


¿Recuerdas aquel cuello, haces memoria
del privilegio aquel, de aquel aquello
que era, almenadamente blanco y bello,
una almena de nata giratoria?

Recuerdo y no recuerdo aquella historia
de marfil expirado en un cabello,
donde aprendió a ceñir el cisne cuello
y a vocear la nieve transitoria.

Recuerdo y no recuerdo aquel cogollo
de estrangulable hielo femenino
como una lacteada y breve vía.

Y recuerdo aquel beso sin apoyo
que quedó entre mi boca y el camino

de aquel cuello, aquel beso y aquel día.

Miguel Hernández:  El rayo que no cesa 

martes, 26 de abril de 2016

Amanecer


Amanece la tierra,
el resplandor rugoso de la carne,
venas de materia transparente
tras la olorosa seda de la piel.
Balbucea
como hierba recién nacida,
savia arborescente,
vasos sanguíneos que resurgen
a través de mi mano.
Brota un alba como flor de cerezo.
Da luz a una hojarasca
de entrañas como escamas,
ilumina la sangre de signos vegetales...
El alba alumbra 
los plurales aromas de la tierra
en su reflejo cárdeno:
un vientre de magnolias,
cuerpos meciéndose en la sombra,
la rojiza tersura del serbal...

Poema de Carmen Cabeza


miércoles, 13 de abril de 2016

Viento maldito


Avinagradamente turbia,
rosa incandescente en círculo de estrellas,
los blancos dientes completan
una sutil acuarela
de rayos como trazos de estilete,
punzantes en la piel de rosa magenta,
angosta,
despiadadamente triste,
anegada
en el vacío absoluto de tu nombre.


Celestes de canela, 
tus besos se perdían en susurros
oceánicos y azules.

Los pétalos mordientes de tus labios
-de rebosante jugo-
aún subsisten en mi memoria
como el sabor extravagante
de las delicias turcas.


Masticaba ensueños,
ardides secretos
como tu nombre,
cenizas vírgenes 
e inexploradas
de lirios ausentes.

*  *  *

Leve
llaga en tu lóbulo,
acuoso,
herido por mi labio
como el éter...

Textos: Carmen Cabeza
Imágenes: Catrin Welz Stein

martes, 22 de marzo de 2016

¿Por qué escribimos?




La necesidad o el vicio de escribir, esa suerte de pasión inasequible al desaliento que a algunos nos impulsa a coger el lápiz o el bolígrafo una y otra vez, ¿para qué sirve, si es que sirve para algo?
¿Lo hacemos para liberar nuestras filias y nuestras fobias? ¿Para cauterizar heridas? ¿Para vengarnos de nuestros enemigos de una manera limpia y cruenta, sin derramamiento de sangre…?   
Quizá escribir no sea más que una enajenación transitoria. Como decía Greene: “Las personas reales estamos repletas de seres imaginarios”, y quizá escribimos porque necesitamos materializarlos, escapar así de una realidad que nos encierra en límites demasiado estrechos.  O, simplemente,  porque la literatura hace que todo lo que nos rodea se vuelva soportable y resulte más llevadero vivir en el sueño, al amparo de ficciones que consuelan y anestesian.

Escribir y leer son hábitos que se parecen mucho al gesto de abrir puertas y ventanas. Una frase de Rosa Montero explica a la perfección esa insobornable necesidad de literatura: “Dejar de leer representaría para mí la muerte instantánea, sería como vivir en un mundo sin oxígeno.”



Y es que el lenguaje tiene un enorme poder. La palabra libera, exalta, apasiona...  Es  capaz de generar emociones, ese idioma  universal que mueve todo tipo de resortes en lectores y escritores. No se trata de un sentimentalismo fácil, sino de emoción lisa, llana,  visceral.
Cuando leemos, podemos meternos en la piel del otro. Nos sentimos como Iván Denisovich, por ejemplo. Somos Gregorio Samsa, Ana Ozores o Aureliano Buendía en sus cien años de soledad. Nos sentimos extraños como Meursault, el extranjero, o confiamos en la bondad de los desconocidos, como Blanche du Bois. Somos ellos y sentimos como ellos, porque gracias a la ficción podemos asomarnos a las vidas de esos héroes y antihéroes que han habitado durante siglos la historia de la literatura.

 En palabras de Luis García Montero: “La capacidad de fabular sirve para legitimar la disidencia, para comprender por dentro la vida de los otros, para sentir amor e imaginar alternativas contra la injusticia”.

En definitiva, la ficción nos hace entender mejor, mirar más lejos y más profundo. 
Creo que por esa razón continuamos leyendo y escribiendo…