
Kimono escarlata, de Stephanie Rew
Mientras la ciudad hierve
en roja ebullición de placeres oscuros,
una maraña de sombras
atraviesa la muralla prohibida.
Hay boas que se enroscan
alrededor se su cuello,
gusanos de seda que duermen
tras insondables fumaderos de opio.
Shangai arde en un fuego
con sabor a morfina,
entre negras semillas
de mágica amapola
y huesos triturados.
Hay un mar turbulento
que destila el insomnio,
un dragón amarillo,
de sopor insaciable,
que envenena a Shangai
y sus atavíos púrpura;
Shangai y sus ruiseñores muertos,
Shangai o el encanto irresistible
de las flores de loto...
Qué atmósfera de fuego, prisiones y encanto adormilado...
ResponderEliminarPreciosos versos, Carmen. Siento mucho tu ausencia mañana.
Bsss
El poema fue un Shangai imaginario de sedas, loto y fumaderos de opio. Seducción y sueños de morfina... El recital de ayer, supongo que precioso. Siento no haber podido ir. Un beso.
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