

La mayoría de nosotros ha conocido Cabaret a través del cine, en la película del mismo título dirigida por Bob Fosse. El talento de Fosse unido a la impresionante actuación de Liza Minnelli en el papel de la cantante Sally Bowles, dio como resultado una de las mejores películas musicales de la historia del cine. Aparte de la calidad de la coreografía o la puesta en escena, contiene fragmentos de increíble tensión dramática. Una escena, por sí sola, merece el visionado de la película: tres de los protagonistas se encuentran de excursión en el campo, y se paran en una cervecería al aire libre a tomar algo. Hace sol, hay familias comiendo, un grupo de niños rubios... Todo resulta muy idílico. De repente, uno de ellos se levanta y empieza a cantar una melodía muy dulce, a la que, poco a poco, se van incorporando otras voces, las de otros niños y adultos del local, pero la cancion va cobrando un tono más violento, se convierte en un himno militar, el chico rubio extiende el brazo al frente esgrimiendo el saludo fascista y la cámara se acerca a su brazo mostrándonos la cruz gamada en su manga. Toda la escena está rodada de forma tan magistral que nos sirve para entender perfectamente el nacimiento del nacismo, sin falta de leer un libro de historia.

Cabaret es una película de importante trasfondo político, pero los números musicales son los que la convierten en algo espectacular. Canciones como "Willkommmen, bienvenue" o "Money, money", se siguen escuchando con el mismo placer de hace treinta años. La coreografía de "Mein herr", con Liza Minnelli y un ballet de chicas encima de una silla, se ha convertido ya en un clásico del cine. Cabaret nace como musical de Broadway en los años 60, para ser representado en el teatro y allí, en el escenario, es donde transcurre la mayor parte de la obra, en un local berlinés de poca monta llamado el Kit Kat club. Alli Emcee, el maestro de ceremonias, canta, baila y presenta el espectáculo con monólogos llenos de descaro y sarcasmo, pero la protagonista indiscutilble es Sally Bowles, la cantaste solista del club.

Corre el rumor de que cualquier actriz llegaría a matar por conseguir el papel de Sally Bowles... Sally adora los escenarios por encima de todo; es capaz de arrriesgar cualquier cosa con tal de actuar. Descarada, espontánea, llena de vida, transmite una contagiosa vitalidad. Perdedora en cada nueva relacion amorosa que emprende, conmueve por su inocencia a pesar de su promiscuidad, porque posee rasgos de ingenuidad infantil.





